Verdaderos problemas

Julián Cárdenas Correa
Columnista

Una investigación de la Universidad Externado, cuyos resultados fueron entregados en 2018, concluyó que entre 1991 y 2011 la corrupción le había costado al país $189 billones de pesos, y que en promedio los corruptos cada año literalmente se roban $9 billones.

Dado que el Presupuesto General de la Nación 2020 es de $217 billones sin deuda, entonces podemos esperar que poco más del 4%, a la fija, se lo roben los corruptos.
Dado que es casi un secreto a voces que de cada obra los corruptos se quedan con el 10% o 20%, la cifra de la Universidad Externado, aunque escandalosa, no convenció a muchos.

Pero en términos agregados esos $189 billones en veinte años es mucho más, por ejemplo, de lo que vale Ecopetrol; o equivale a 27 reformas tributarias como la que se está tramitando en el Congreso de la República, y a 31 leyes de puntos final como la que busca sanear el sector salud. Pero esos $9 billones anuales son miles de colegios que no se pudieron construir, o cientos de hospitales que no se fortalecieron financieramente. También son millones que no podrán acceder a una pensión y otro tanto de universidades públicas desfinanciadas.

Si a este problema de gran tamaño le sumamos otro, el del narcotráfico, vamos viendo en dónde están nuestros problemas. Según un reciente estudio de la Universidad Sergio Arboleda, el narcotráfico tiene un tamaño de $19 billones de pesos en el PIB del país y tiene una incidencia importante en el escenario macroeconómico del país.

Estas rentas del narcotráfico evidentemente no pagan impuestos, pero deben blanquearse y terminará gran parte de la economía contaminada. Pero más allá de eso, llenan nuestras calles de jóvenes adictos, y son también el origen de gran parte de nuestra violencia.

Estos dos problemas son quizás dos de los más delicados y graves que tenemos como país, pero como si una mano invisible lo lograra, las marchas están concentradas en el Esmad, en las pensiones, en lo laboral, en el hecho de pertenecer a la OCDE, … incluso los empresarios son identificados también como enemigos.

No vemos pancartas rechazando el haber ocupado el último lugar en las pruebas PISA 2018, como tampoco vemos pancartas rechazando la frivolidad del consumismo y su impacto en nuestra biósfera.

Tenemos que abrir los ojos y llegar al fondo de las cosas. Si no se perdieran esos billones en corrupción, gran parte de los temas que generan inconformidad estarían abordados y seguramente solucionados.

Si el narcotráfico y la cultura narco fueran objeto de rechazo, no tendríamos tantos jóvenes influenciados negativamente por esa filosofía de dinero fácil, que digámoslo sea de paso, contribuye a la frivolidad, al relajamiento, al no sentido del sacrificio.

Infortunadamente los liderazgos políticos no inspiran ni nos conducen a ver estas verdades, ninguno de ellos nos mueve. Y cuando se presenta la oportunidad de cambiarlos en las urnas, tampoco lo hacemos.

Es absolutamente necesario que hablemos claro, sin tapujos, de lo que son realmente nuestros problemas. Necesitamos foco en unos pocos temas, y están frente a nosotros.