Unilibre, 50 años en Pereira

Jaime Cortés Díaz
Columnista

La génesis de la Universidad Libre se remonta a muchas circunstancias que le dieron su corporeidad institucional, ceñida a ejercer la cátedra libre como un concepto liberador del dogmatismo, con el fundamento de refrendarla mediante el magisterio universal, pero con el derecho a discrepar o responder en cualquier dirección del conocimiento, por cuanto de no ser así, la desvirtuaría en simple adoctrinamiento “in castrati”.

El ave Fénix se levanta de la que había sido la Universidad Republicana en 1910, para posarse en 1922 en la construcción de la Libre, después de las viles maniobras que impidieron la elección del general Benjamín Herrera Cortés como presidente de la República. En el marco de la convención partidista realizada en Ibagué en el año dicho del 22, a instancias del caudillo, aprobó el Acuerdo No 6 en el que “recomienda a los liberales prestar un decidido apoyo a la obra de la fundación de la Universidad Libre, “que cristalizada, a sus 72 años fue el primer presidente, inspirado en su lema “la Patria por encima de los partidos”.

Con espíritu laico pero abierto a los distintos creyentes, el propósito era, y es, participar en la educación de sus integrantes para la vida de la sociedad con preeminencia en el bien común y capacitarlos para el manejo adecuado de los asuntos públicos y privados de manera que, como lo decía el rector Jaime Tobón Villegas (Q.E.P.D.), entre las distintas ramas del Estado exista “íntima relación entre la Universidad y los problemas colombianos”.
También, al tenor de lo dicho por esa gran figura intelectual que fue Darío Samper, “la fundación de la Universidad Libre implicó una verdadera revolución en el orden de la cultura y ello explica que en su tiempo, los hombres más representativos, los pensadores y polemistas…” difundieran la conformación de libres diletantes, respetuosos del sentir contrario pero creando un espacio suficiente en el ámbito de la concepción humanística en la que la ciencia es la fuente de la libertad, como reza su emblema.

Los visos anteriores del aula de Herrera, que ya casi completa cien años, sirven para asomarse a otra gran obra expansiva que es la creación de la Seccional Pereira que cumple 50 años y que surge de una marcha “de pupitres” connotativa de 27 personas que pretendían estudiar derecho pero que su buena fe fue asaltada por mercaderes de la enseñanza. Estos alumnos crean la Universidad Independiente, que de acuerdo con la investigación del periodista y abogado Luis García Quiroga, “es en el mundo la única fundada por estudiantes…” la cual con el apoyo de Rodrigo Rivera Correa, Daniel Becerra Piedrahita, Eduardo Jaramillo González, Alberto Mesa Abadía, Gonzalo Quiroga Valbuena, Hernán Ocampo Valencia y otros profesionales, obtuvieron el beneplácito de las directivas nacionales de la U.L., y de tal diligencia surge la Corporación con amplia incidencia en la región. La Seccional Pereira está enclavada en lo más hondo de la historia territorial como contribuyente eficaz de progreso, formación, desarrollo y civismo.

Las celebraciones que se han hecho, presididas por el jurista Miguel González Rodríguez y el rector Fernando Uribe de los Ríos, han exaltado los aportes insignes de los estudiantes fundadores liderados por Idelfonso Sánchez Sepúlveda, Álvaro Marín, Raúl Álvarez y Guillermo Ormaza Cano, sus coadyuvantes profesores, lo mismo que a las ponderadas administraciones de César Augusto López Arias, Jaime Arias López y de quien esto escribe. Hoy 50 años después, la obra material y académica es de una inmensa dimensión y para decirlo con palabras del historiador Julio Roberto Galindo, “”es también la mayor retribución espiritual para sus gestores, quienes tienen el reconocimiento de la familia unilibrista y de las gentes del occidente colombiano”.