Una mujer virtuosa

Rubén Darío Franco Narváez
Columnista

Hiere el corazón la partida de la vía terrena del ser que nos dio la vida, en su transición al infinito. Cuando se nos va, se nos lleva todo el transcurrir existencial porque no hay nada que podamos comparar con el amor de una madre.

¡Oh, Dios mío! Cómo me duele la muerte de mi Mamá Imelda Narváez de Franco. Recuerdo que cuando era un niño, ella cariñosamente me aconsejaba: “cuándo sientas tristeza, simplemente piensa en todas las maravillas de la creación…”. Hoy, debo confesar que esa fórmula ya entrado en años no me funciona, pues más y más se acrecienta mi dolor.

La oscuridad superó el brillo del sol. A las 9:30 de la mañana del 5 de diciembre 2019, a los 87 años y 7 meses de vida mi madre produjo un eclipse familiar, cerró sus ojos para siempre. Fue una mujer bondadosa, coronada con bendiciones provenientes de Dios y María Santísima. Imelda Narváez Hoyos de Franco, hija del famoso músico caldense Carlos Narváez Castillo y María Hoyos de Narváez; hogar conformado por 7 hermanos: José, Ernesto, David, Elena, Inés, Eufrosina e Imelda.

Imelda estuvo unida sacramentalmente con Evelio Franco Giraldo (Q.E.P.D); matrimonio en el que cosecharon 7 hijos: Gabriel (fallecido), Gabriela, Jairo de Jesús, Luz Dary, José Hernán, Carlos Alberto (fallecido), y Rubén Darío Franco Narváez quien le seguirá escribiendo carticas de amor enviadas al espacio sideral. Quedan en el camino terreno 4 generaciones: 5 hijos, 20 nietos, 16 bisnietos y 4 tataranietos.

Doña Imelda fue una mujer virtuosa, Mariana Consagrada, integrante de varios grupos de oración católicos. Fue velada en la Capilla nro. 2 «La Aurora», sus exequias se cumplieron a las 4:00 de la tarde en el templo «Nuestra Señora del Rosario» de Villamaría (Eucaristía celebrada por el Padre Gilberto Salazar Zuluaga); su cremación en el «Centro Memorial Panamericana» de Manizales a las 6:30 p. m. Una lluvia de rosas rojas cubrió su féretro.

Mi mente se posa en los cielos, con el remate del poeta Omaña: “En ella pienso hoy, sin ser olvido/ a mi mente y corazón, / en ella pienso hoy como un suspiro, / como el ave que en un largo vuelo/ hecho pedazos… nos dejó su nido”.