Una fábula Cherokee

Otoniel Arango Collazos
Columnista

Los Cherokee fueron un grupo de indígenas que habitaron lo que hoy son los estados de Alabama, Georgia, Kentucky, Carolina del Sur, Tennessee y Virginia en el sudeste de los Estados Unidos y cuyo nombre significa “aquellos que viven en las montañas”.

Una mañana un viejo Cherokee le contó a su nieto una batalla que ocurre en el interior de todas las personas.

El anciano le dijo: “Hijo mío, la batalla se da entre dos lobos que están dentro de todos nosotros”. Uno es malvado. Es ira, envidia, celos, tristeza, pesar, avaricia, arrogancia, autocompasión, culpa, resentimiento, soberbia, inferioridad, mentiras, falso orgullo, superioridad y ego. El otro en cambio es bueno. Es alegría, paz, amor, bondad, benevolencia, fe, esperanza, serenidad, humildad, amistad, empatía, generosidad, verdad y compasión. La misma batalla ocurre dentro de ti, y dentro de cada persona también”. El nieto lo meditó por un minuto y luego preguntó a su abuelo: “¿Cuál de los lobos gana?” A lo que su abuelo respondió: “Aquel al que tú alimentes.”

Como se observa, la fábula de los dos lobos es una lección elemental de sabiduría sobre la dualidad inherente en todo ser humano. Los dos lobos representan dos fuerzas antagónicas destinadas a coexistir en nuestro interior. Sin embargo algunas personas optan por una solución diferente a la victoria o la derrota y es la de equilibrar ambas fuerzas. Esos dos animales simbolizan dos fuerzas opuestas, que predominan a voluntad de cada uno de nosotros, conforme al libre albedrío. La del mal, como la ira, la envidia, la avaricia, la arrogancia e incluso la tristeza, el sentimiento de inferioridad y el ego. La otra fuerza que es el bien, tal como la bondad, la alegría, el amor, la esperanza, la serenidad, la humildad, la compasión y por supuesto la paz que cada uno debe buscar en su interior.

Es esta la batalla diaria que debemos dar para pulir la piedra bruta que somos al nacer y cuya escultura vamos construyendo cada día hasta lograr la que se acerque más a la perfección, mediante la fórmula sencilla pero profunda de conócete a ti mismo, aforismo griego que se encontraba inscrito en el pórtico del templo de Apolo en Delfos y atribuida a varios griegos como tales de Mileto, Sócrates o Pitágoras, entre otros. Los invito pues a reflexionar sobre esta bella fábula y alimentar el bien hasta lograr una sociedad más justa y libre, donde los seres humanos convivamos en paz y armonía con nosotros y con nuestro bello planeta azul, donde a pesar de nuestros defectos podamos multiplicar nuestras virtudes.