Una cruzada como consuelo

Julián Cárdenas Correa
Columnista

Primero: Si se presentara un sismo cuyas consecuencias se “hincaran” contra un barrio, ciudad, sector o región específica, después de pasar el trago amargo de un evento cuyo origen está en la naturaleza; sería normal que termináramos buscando otros “culpables”: curadurías, los respectivos POT que permitieron construir allá o acullá, la falta de vigilancia por parte de las autoridades competentes, constructores inescrupulosos, etc. Si reflexionamos en retrospectiva, casi siempre buscamos, como condición humana, ciertos culpables en situaciones catastróficas.

Poco o nada tenemos qué hacer como comunidad respecto a los mercados mojados de China o en general respecto a la cultura y costumbres asiáticas y su posible “culpabilidad” por originar la pandemia por covid19. Si bien los gobiernos de Australia, Estados Unidos y Alemania sí han sugerido que China debería indemnizar al resto del mundo, nosotros como colombianos, no somos ni seremos escuchados, de ahí el “nada qué hacer”.

Segundo: Ahora, si bien poco o nada tenemos por hacer, sí flota en el ambiente en los últimos días el famoso dilema del tranvía, que se refiere al ejercicio sicológico que nos pone a conducir un tranvía y a tomar la decisión de si seguir el curso y atropellar a cinco personas que están en la vía, o desviarlo y matar a una sola persona que está en otra de las vías. La discusión es, así luzca sencilla, bastante compleja, muy filosófica.

¿Por qué hablar del dilema del tranvía actualmente? Porque el covid nos pone en dilemas del tipo: Salvar a una persona joven o a un adulto mayor, salvar la economía o arriesgar a las personas, endeudarnos para pagar nómina o despedir empleados, en fin, preguntas y dilemas nada fáciles que algunos por ignorancia o a voluntad, “confunden” con falsos dilemas o lucha de clases.

Tercero: Dicho esto, llamó poderosamente la atención de muchos el hecho de que en la encuesta de finales de abril de Gallup, para los colombianos encuestados, sigue siendo la corrupción, no el covid, el principal problema que azota al país. Quizás entendamos la pandemia como pasajera, pero la corrupción definitivamente la vemos como estructural.

¿Cómo unimos todos estos puntos? Dado que no hay responsables castigables por la pandemia, que nos gusta buscar culpables, y que la corrupción sigue siendo el principal problema; pues entonces las autoridades deberían satisfacer por lo menos ese ansia de hallar un “responsable de algo” y lo encontraremos, insisto, no en el origen de la pandemia, sino en nuestra incapacidad para tener un sistema de salud robusto y capaz de atender la crisis.

Porque reconozcámoslo, son los corruptos los primeros culpables que nos someten a decisiones tipo tranvía; o sea, son la respuesta en algún grado al consuelo que necesitamos: encontrar por lo menos los culpables nuestros para el saqueo cuyas consecuencias hoy pagamos todos con un costo que se mide en billones en deuda, en millones de empleos perdidos, en miles de empresas quebradas, en miles de contagiados y cientos de muertos.

En resumen: Busquemos, con analítica de datos, con forenses, investigadores, matemáticos, sistema financiero y organismos de control a esos corruptos a quienes sí les cabe un alto grado de responsabilidad por la cuarentena y las consecuencias catastróficas que trajo y traerá sobre el país.