Turismo de cocinas

Lisandro René López Martínez
Columnista

La actividad turística se caracteriza en la actualidad por grandes cambios motivados por la necesidad de adaptarse a una demanda cada vez más exigente y activa. Así, y entre otros cambios, nos encontramos con que los viajeros suelen realizar más viajes a lo largo del año, aunque de menor duración, están más informados tanto del destino como del producto (fundamentalmente a través de Internet) o buscan nuevos tipos de recursos turísticos.

Fruto de todos estos cambios, aparece un turismo temático entre el cuál destaca lo relacionado con la recuperación de la herencia cultural y social de los paisajes culturales, el contacto con la naturaleza y el conocimiento de las costumbres de la propia comunidad local. Se está produciendo una apuesta decidida por todo lo asociado con las cocinas tradicionales, como reflejo de la identidad cultural propia de una zona geográfica. En este sentido, cocina y turismo aparece como una simbiosis perfecta para que los visitantes puedan adquirir un producto distinto y conocer un destino diferente, propiciando, de esta manera, el desarrollo competitivo de las áreas declaradas y basado todo ello en el concepto de desarrollo sostenible.

Recordemos que la comida refleja la herencia social, cultural y ambiental de los pueblos, es decir, la propia idiosincrasia de sus habitantes. Y todo ello enmarcado en que, sobre todo, las zonas rurales, cada vez más, juegan un importante rol como lugar de ocio y como espacio para la realización de diferentes tipos de actividades que permite ese contacto con los paisajes.