Tan lejos y tan cerca por culpa de un virus letal

Fabio Castaño Molina
Columnista

Muchas las paradojas o situaciones inéditas las que seguimos viviendo por estos días de encierro los habitantes de este planeta azul a causa de ese virus loco que se sigue expandiendo sin frontera alguna por los cinco continentes. Una primera paradoja es que nunca estuvimos tan juntos como en estos días que debemos estar aislados. Juntos pero no revueltos, dice el refranero popular. Juntos pero guardando una prudencial distancia porque ese coronavirus se pega con nada. Los científicos han demostrado que este virus puede llegar a quedarse en el aire hasta tres horas. También que en superficies de cartón permanece hasta 24 horas y en elementos de plástico o acero inoxidable podría subsistir de dos a tres días. Se concluyó además que un contacto de cinco segundos con alguien contagiado puede transferir un 30% del virus en las manos.

También que las superficies de entornos sanitarios, es decir, hospitales y centros médicos, son las de mayor potencial para transmisión, no en vano las noticias que recibimos dan cuenta de la cantidad de médicos y enfermeros que en Europa y Asia han resultado afectados por la enfermedad, causándole incluso, la muerte a muchos de ellos. Bien lo advierte en uno de sus escritos el maestro William Ospina, al referirse a esta pandemia, “que nunca antes, como ahora, hemos dependido tanto unos de otros, de la voluntad colectiva para no incrementar la velocidad del contagio, de la capacidad de ayudarnos a la hora de sobrellevar sus consecuencias. Momentos como este han despertado la adormecida conciencia de comunidad de una sociedad como la nuestra, a la que han segmentado y estratificado tanto”.

Según las proyecciones del Instituto Nacional de Salud vienen días de altísimo riesgo para el país en materia de contagio, si bien se estima que esa cifra puede rondar los 4 millones de personas y tener un pico de decesos probable de 3.000 casos, medidas como la primer cuarentena –que va hasta el 13 de abril– permiten retrasar esos escenarios hasta en 4 semanas y tomar medidas de contención como la de quedarnos en casa sin vacilación alguna. Razón de sobra tiene también el escritor Ospina al señalar que “Qué fortuna tienen hoy los que habitan cerca de la naturaleza, los que viven en pueblos y en aldeas: los lugares más privilegiados del mundo. De repente se ven como un sueño codiciable los viajes a pie, sin contaminar, por las montañas y por la orilla de los ríos, los deleites del paseante solitario”. Y agrego yo: esta pandemia está sacando lo mejor de los colombianos. Muy a pesar de estar tan cerca pero tan lejos, el país nunca había estado tan unido como ahora.