Supositorios

Gilberto Trujillo
Columnista

Estoy preocupado por don Guillermo y mi ciudad. Él es de mi edad -más de sesenta- pero de un juicio extraordinario para manejar el reciclaje del conjunto donde resido; llegaba puntualmente a primera hora y a pesar de tener como sede la caseta de “basuras” -que mantenía impecable- se daba sus mañas para hacer un recorrido extra con algunos desordenados y recibir sus desechos. Varias veces tomamos tinto en una cafetería cercana y me contó que una vez iba con su carretica por la avenida Sur y un irresponsable lo atropelló y se dio a la fuga.

Las secuelas fueron varias, pero, sin embargo, después de unos meses de recuperación en la humilde casa de su hija, siguió ejerciendo esa hermosa labor que hoy extraño porque los centros de acopio están cerrados y no tiene a quien venderles sus “productos” Sus apellidos no se los pregunté nunca. Le insistí que se inscribiera en la Empresa de Aseo (no en Atesa, que es otra cosa) -impecablemente manejada en la administración pasada- y no sé si al fin lo hizo en tanto que por esa base de datos podría acceder a los subsidios que hoy se entregan desde el gobierno nacional. No ha vuelto a esta, su sede, y no sé su dirección. Espero que uno de los muchos canales de distribución de comida que está utilizando la administración municipal haya llegado a él y su familia.

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Mientras tanto yo, fiel a mis principios, sigo separando en sitio mis “basuras” en tres bolsas: a) Orgánicos b) Reciclables y c) Peligrosos. Lo triste es que, en estos momentos, todo va en el mismo carro porque don Guillermo no está.

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Y qué pesar de mi ciudad pues por ahora no tiene uno más de esos héroes anónimos que la cuidan de la contaminación y cuya labor, espero, sea valorada por fin de ahora en adelante.

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Feliz fin de semana… en casita.