Supositorios

Gilberto Trujillo
Columnista

A pesar de lo decidido por el presidente Duque, decidí continuar guardado en mi apartamento y he descubierto un nuevo mundo, por ejemplo: aprendí en Internet cómo hacer tapabocas caseros; claro que el problema es que los cauchitos están agotados y estoy haciendo ensayos con cable de cobre. Renació en mí ese ser filosófico para cuestionarme qué tiene que ver el papel higiénico en todo esto. Volví a hacer crucigramas, ahora electrónicos, con la desventaja que no se pueden “guardar” para continuarlos luego. Nuevas aventuras como sumar la lista del mercado para verificarla. Organizar -en mi caja de herramientas- las puntillas y tornillos usados. Aceitar el hombresolo, ya oxidado. Organizar los pañuelos por colores.

Aprendí, también, a hacer arroz sin que me quede el “pegao” y a doblar las h. p. sábanas resortadas. Me salió a flote el revolucionario que llevo dentro y me craneé una protesta multitudinaria sin arengas… solo tosiendo. También hice un poco de yoga y en posición de Lotodo para la DIAN acepté con humildad que lo único seguro en la vida es la muerte y ella. Entendí, así mismo, que el erario público saldrá fortificado de esta coyuntura al suspender indefinidamente los viajes al exterior de tantos vampiros que se la pasan “turistiando” por nuestra cuenta. Tuve el espacio suficiente para escuchar a dos expresidentes: el uno -ante la JEP- diciendo que él no había sabido nada sobre los aportes del cartel de Cali, y el otro -en La W- “Ustedes saben que yo no digo mentiras” Descubrí que mi baño personal tiene 164 azulejos. Y una mañana, al despertarme, y para estabilizar mi ánimo, pensé que ha habido momentos peores, como aquel en que murió la mitad de la humanidad… cuando Caín mató a Abel.

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Le acaban de llegar los dos primeros nietos a la señora del aseo: Leidi Craun y Didier Vairus.
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Feliz puente en casita.

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