Supositorios

Gilberto Trujillo
Columnista

El problema de la corrupción no es únicamente que se roben los recursos públicos, sino que genera una presunción de ilegalidad de cualquier acto de un particular, principalmente, frente a las entidades del Estado cuyos funcionarios son, precisamente, los responsables de las defraudaciones continuadas. Es una especie de avalancha que va carcomiendo poco a poco la credibilidad de las personas de bien. Todos somos Malandrines –para utilizar la palabra de moda- hasta que comprobemos lo contrario. El principio de la buena fe se esfumó y a cada momento cualquiera institución nos deja en situación de desamparo por cuenta de ese pensamiento generalizado.

En columna pasada mencioné que el director de la U.G.P.P. –monstruo de mil cabezas- gana más que un congresista y nadie critica dicha situación. El caso particular es de un cliente que reside en el exterior, pero tiene bienes apreciables en el país y presenta declaración de renta por sus ingresos y patrimonio. Ese organismo, acorde con lo dicho, lo requirió para que demostrara su “No residencia en Colombia” y para tal efecto se gestionó ante Migración Colombia el certificado de movimientos migratorios el cual se le hizo llegar al “monstruo” oportunamente, acompañando, además, copia del poder dado a su representante en Colombia, certificado de vigencia y copias de las cédulas del poderdante y del apoderado. Pero no; eso no le sirvió a la U.G.P.P. sino que exigió un certificado de un consulado sobre dicha situación, lo cual implicó tiempo y altos costos para el supuesto evasor.

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Pregunto: Si entre los mismos organismos del Estado no se creen… ¿Para qué diablos existe una Constitución Política?

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Feliz puente.