¿Somos insolidarios?

Luis García Quiroga
Columnista

Quienes piensan que la filosofía no sirve para nada, que lo que tiene valor es la plata, las propiedades y tener y tener, se están estrellando contra el muro de la realidad en estos momentos cruciales de la emergencia sanitaria más grave que haya vivido Colombia en su historia desde que tenemos noticia como nación.

Rueda en las redes sociales un afiche de un hombre con un tapabocas. El tapabocas es un billete de dólar y dice: ¡Te das cuanta! Todo se reduce a un espacio donde teniendo carros no los puedes usar, teniendo dinero no puedes salir a gastarlo, teniendo ropa lujosa te pones cosas cómodas que ni combinan, teniendo joyas ni las volteas a ver, y podría seguir la lista.

Y concluye: Hoy estás en tu hogar con lo básico y cuidando de ti y los tuyos. ¿No te parece una gran lección que te da la vida?

He ahí el eterno dilema filosófico entre ser y tener. Un mundo atrapado por la corrupción como fenómeno impulsado por el tener que ha permeado todos los niveles de la sociedad humana, llega al extremo de evidenciar la insolidaridad en sus propios orígenes, es decir, en la codicia que nos impulsa a tener sin consideración de los que poco o nada tienen.

No somos capaces de vivir con lo necesario. Nos falta voluntad para el menor sacrificio en favor de las mayorías sacrificadas y adoloridas. No nos damos cuenta ni nos importa; o solo aparentamos que nos importa (importaculismo) el sufrimiento que nace de la inequidad y la iniquidad, los dos grandes rivales de la solidaridad y la esperanza.

En esta emergencia sanitaria vemos con estupor la especulación con productos alimenticios básicos, el abastecimiento personal desaforado, buses atestados de pasajeros, personas trotando en las vías internas de los conjuntos residenciales como si no pudieran hacerlo en su propia habitación. Hasta en el baño se puede hacer ejercicio.

¿De verdad, nos nace ser insolidarios? ¿Somos el problema?
Hace pocos años falleció el filósofo Richard Rorty, padre de la teoría de la solidaridad pragmática, quien como todo sabio, sintetizó su extensa tesis, en que, “Es posible reducir la crueldad y la injusticia, con base en la solidaridad humana”.

Pereira tiene en su legado un hermoso historial de solidaridad. Es prolijo mencionar aquí auténticos líderes y lideresas distinguidos por su enaltecedor espíritu solidario, muchos de ellos atravesando desierto del reconocimiento.

Pereira debe retornar a esos valores y principios que hicieron posible la formación ejemplar de esta sociedad en este pedazo de cielo que Dios nos dio.

Tenemos la imperativa necesidad social y filosófica de volver a ser. El mensaje de esta crisis es claro: En adelante, ser solidarios debe ser el combustible del nuevo orden social.

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