Salud y economía

Otoniel Arango Collazos
Columnista

En Colombia, un país enseñado a discutir sobre el sexo de los ángeles, como en tiempos del imperio bizantino en el siglo XV, se debate ahora entre la preponderancia de la salud o de la economía, como prioridad que debe tener el gobierno, lo cual es una falsa disyuntiva, pues si se llegaré a apoyar alguna de las dos únicamente, se convertirá en una inexorable paradoja, inútil de descifrar como aquello de qué fue primero, el huevo o la gallina, por la potísima razón de que si se privilegia la economía, la gente terminará irremediablemente contaminada por el Covid-19 y si se privilegia la salud, la gente terminará muriéndose de hambre por falta de ingresos.

En las tormentas como la que vivimos ahora, debemos aplicar el sencillo pero profundo pensamiento de Lao Tse: “no hay que ser fuerte como el roble sino flexible como el junco” y así podremos sobrevivir tanto los defensores de la economía como los defensores de la salud.

La primera tarea que debía cumplirse ante la inminente llegada de la pandemia, era la de cerrar las fronteras para evitar que llegara y como decía mi abuelita, santo remedio, y aunque el cierre no fue inmediato, la reacción del presidente Duque fue oportuna, pues el primer infectado proveniente de Italia, arribó el 6 de marzo y el cierre total de aeropuertos se dio a partir del 23, debido a todas las implicaciones que tal medida conlleva. A pesar de tan drástica medida esta semana sobrepasaremos los 1.500 infectados, con 35 personas fallecidas hasta el domingo pasado.

Volviendo al tema de la economía, debemos ser conscientes de la necesidad de reactivar actividades gradualmente, para que el aparato productivo no muera, pues la cadena entre la producción y el consumo, como toda cadena, se rompe por el eslabón más débil y todos sabemos que el eslabón más débil lo conforma un grupo mayoritario de compatriotas que trabajan independientes o son informales o simplemente desempleados. Un aparato productivo paralizado, significa recesión económica, entendida como el momento en que la tasa de variación anual del PIB es negativa durante dos trimestres y me parece a mí sin ser economista, que ya el primer trimestre va por esos rumbos, pero aún estamos a tiempo de reaccionar.

De otra parte es necesario hacer hincapié sobre la disciplina por convicción, pues nada se gana el presidente, los gobernadores y los alcaldes con legislar, si los ciudadanos hacen lo que les da la gana y no se quedan en casa como corresponde; así no vamos a llegar a ningún Pereira. Un feliz día y mucha salud y prosperidad.