Reparando los daños causados

Ricardo Tribín Acosta
Columnista

En la época actual ha surgido una forma inusual de protesta en pro de la reivindicación de peticiones, algunas justas y otras no tanto, y esta tiene que ver con dos escenarios paralelos. El primero es el del lobo vestido con piel de oveja que muestra una cara y la otra la del real que muestra otra totalmente diferente. En ambas hay guion y entrenamiento preconcebido para lograr conseguir tirar la piedra para luego esconder la mano.

Entre estas la más solapada y malévola es la segunda enmarcada por el vandalismo, la cual solo busca la destrucción de bienes públicos y privados para causar múltiples daños no solo materiales en gran cuantía, sino también económicos, morales y emocionales a aquellos a quienes tales acciones salvajes afectan y mucho.

Las acciones correctas para el futuro son las mejores disculpas por los estragos causados por las equivocadas del pasado, lo cual implica varias cosas. La principal es que hay que desenmascarar al bandidaje que está detrás de los salvajes vándalos, con altos grados de ingredientes político y de terrorismo, siendo la otra la necesidad de que las autoridades protejan sin vacilación ni excusas la vida y honra de los ciudadanos, aféctense o no esos vándalos o a las corrientes políticas que los dirigen.

Si volviéramos a la cívica de antes en las que la bandera, la familia, el orden, la moral, y las buenas costumbres, iluminadas todas con una fe inalterable en Dios, el mundo volvería a sentir una sensación diferente, la cual se inicia con un retorno a la verdadera educación, descartando la parte politiquera y mal intencionada que algunos profesores hoy por hoy imparten a sus estudiantes.
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