¿Por qué no?

Andrés García
Columnista

Albert Einstein, una de las mentes más brillantes de los últimos tiempos, dijo: “Nada sucede hasta que algo se pone en movimiento”. Si existe una constante en el Universo, es el cambio. El cambio es inherente a los procesos biológicos, los ciclos de la naturaleza, la evolución de las especies y, por consiguiente, el hombre. La esencia de lo natural testifica transformación permanente.

Charles Darwin, padre de la Teoría de la Evolución, sostuvo que las especies que no se adaptaban al cambio, desaparecían. ¿Estamos destinados a desaparecer si desconocemos este principio? ¿Qué tanto de lo que somos permanece y qué tanto cambia? ¿Quién o cuál es el detonante de ese cambio? ¿Existe resistencia al mismo? ¿Qué la genera? ¿Qué sucede cuándo la barrera que restringe esa migración supera la fuerza natural de la transformación? ¿Somos conscientes de esta evolución biológica? ¿Cuántas de nuestras acciones retrasan este proceso natural? ¿Cuáles las potencian?

La mente ama lo conocido. Creemos que es lo único seguro. Culturalmente hemos sido programados para manifestar resistencia al cambio. Defendemos con ideas y actitudes el statu quo, lo establecido y expresamos inconformismo, descontento, temor y malestar físico por el cambio que siempre se avecina. Hasta tanto las personas no seamos conscientes de que el cambio es evolución y la evolución es vida, permaneceremos ancladas a viejas estructuras de pensamiento directas responsables de limitar nuestro derecho natural a expandirnos, crecer, transformarnos, abrirnos al universo de las posibilidades y evolucionar.

¿Qué tan preparados estamos para los cambios? ¿Somos conscientes del continuo proceso de transformación permanente que ocurre desde el interior de nuestras células, la sangre, el cabello y la piel hasta posturas, visión de las cosas, relaciones interpersonales, proyectos de vida e incluso los propios sueños? Lo que hoy ocupa nuestro interés, mañana podría pasar a un segundo plano, en razón a ese proceso evolutivo del que venimos, estamos y seguiremos estando.

Esta temporada de fin de año, conclusión de tareas, balances, programación de nuevas alternativas, toma de decisiones, establecimiento de proyectos, metas y hasta cambios en el estilo de vida para el 2020 que llega, debería también impulsarnos sin temor alguno hacia la conquista de nuevos y mejores horizontes. Salir de nuestra zona de confort, podría ser la alternativa. ¿Por qué no?