Por más que lo intento

Julián Cárdenas Correa
Columnista

Por más que lo intento no logro descifrar cuál es la obsesión de algunos políticos colombianos, obvio, de derecha; respecto a su deseo de eliminar la expresión “conflicto armado” de la historia reciente del país.
Y no es uno sólo, o unos pocos, son muchos los políticos que encuentran en esa obsesión su caballito de batalla. Pero para muchos no es clara la intensión.

Supongamos que somos absolutamente indolentes e indiferentes con los miles de víctimas del conflicto. Si se elimina de nuestra historia reciente la certeza, los hechos, de que hubo efectivamente un conflicto armado en Colombia, ¿desaparecen nuestros problemas estructurales como corrupción, violencia, intolerancia, inequidad, baja productividad y el largo etcétera que sigue?

Esa es una preocupación vacua. La memoria es para eso, para no olvidar, y sobre todo para honrar la memoria de quienes la han padecido. Es sólo eso y por lo tanto por más que lo intentemos difícilmente podremos entender que la derecha vibre en unas frecuencias que tienen como característica su descalce con el presente y con el futuro, con lo apremiante, con lo importante.

Otra cosa que por más que lo intento no logro entender, es cómo se nombra de ministra de Ciencia y Tecnología, a una persona que antepone a la ciencia y su proceso científico, los “saberes ancestrales” y asegura que un tratamiento con base en hongos, que no tiene nada de científico, es la esperanza para la cura contra el cáncer. El oso ha sido monumental, pues varios medios internacionales han multiplicado los cuestionamientos a que una persona en esa posición, ministra de Ciencia, pueda tener esas convicciones tan poco científicas.

Supongo que el presidente Duque por ser una mujer estudiada y además afro, vio en ella una cuota importante de equidad en su gabinete, pero tenemos que ser serios. El color de la piel y el género no son los únicos méritos que pueden hacernos destacar. Hay cosas que son simplemente serias, técnicas, definidas, y la ciencia es una de ellas.

Por último otra cosa que no pude entender esta semana. Cómo se pifia el comandante de las fuerzas militares y envía al aire su pesar por la muerte de alias Popeye. No podemos ser tan hipócritas y ser hasta en eso políticamente correctos. Un sicario, asesino por propia mano de más de 300 personas y coordinador de otras 3.000 muertes; no merece las condolencias ni el pésame de nadie, y menos del comandante de las fuerzas que sufrieron como ninguna otra la violencia que en su momento ejerció el cartel de Medellín.

El exgeneral Rosso José Serrano dijo al saber de la muerte del sicario: “Sentí gran alivio al saber que murió de cáncer y lo afectó bastante”. Esas declaraciones sí las entiendo, pues Serrano sufrió la muerte de muchos de los suyos en la época de la guerra más cruenta contra los carteles.
La prudencia que hace verdaderos sabios fue lo que le faltó al General Zapateiro al dar sus declaraciones.
Nada justifica ese pronunciamiento, ni siquiera la corrección política.