Por el rescate del agro

Ramiro Tabares Idárraga

Columnista

A pocos días de  asumir  el poder en alcaldías y gobernaciones, necesario  es recodarles a los mandatarios, algunas  promesas de campaña que sedujeron a votantes, y que ahora ya pueden poner en marcha y no dar más pasos hacia  la fatídica década perdida  del agro.

Desde tiempos ancestrales se conoce el papel de la tierra en el desarrollo económico de los países. Hacer productivo el campo es aumentar el ingreso nacional. El modelo exitoso de la agricultura en USA, Argentina y Uruguay tiene como base el apoyo estatal en subsidios, precios de sustentación, apoyo para las exportaciones y TLC con países compradores. La agricultura representa un peso especial en el PIB de estas naciones, donde al productor primario le caen los dólares de manera directa.

No hay que ser economista y tener maestría en asuntos sin importancia. Basta ser un buen observador, buen lector y aplicar el sentido común para entender que la dinámica de la economía parte desde el sector primario. Es allí donde se genera la mayor riqueza, ya que de lo que produce el campo, la ciudad se alimenta. Hacer productivo el campo no es tan complejo. Hay que iniciar con los pequeños colonos, aparceros, campesinos y finqueros. Otorgar créditos flexibles, apoyar con semillas y demás insumos, dar la asesoría técnica y en general crear una cadena de valor con líneas claras de comercialización. Con un campo productivo y rentables sube la matricula escolar, baja la inseguridad, sube el ingreso familiar, disminuye la informalidad; y hasta el Estado recibe ingreso por la línea del tributo.  También es necesario brindar apoyos con el mantenimiento de vías terciarias y en estrategias de innovación y tecnología (hacer convenios con universidades).

Pero esta propuesta tan interesante tiene un estabón débil y poco comprometido: el comprador o consumidor final. Este prefiere comprar en las grandes superficies aquellas que poco o nada le aportan a la cadena de valor, y más bien responsables de la quiebra de pequeños negocios y la baja productividad del agro. Al cliente hay que fidelizarlo con calidad, buen precio y sobre todo con cultura ciudadana.  Que sea una política pública en cada municipio los mercados campesinos con su amplia oferta de bienes y servicios, donde puedan llegar los compradores en condiciones higiénicas y seguras. Juntar el que produce con el que consume no es tan complejo estando de por medio el Estado con su estructura a fin de ser garante de este gana – gana. Por un campo productivo, si se logra la paz con justicia social.