Pensando en voz alta

Jaime Bedoya
Columnista

*Nadie sabe lo que tiene hasta cuando lo pierde. Nos referimos, al valor del trabajo, en esta hora aciaga con millones de empleos perdidos.

Para la biblia el trabajo es un castigo de Dios por el pecado (génesis 3, 17-19). Realmente el más grande de todos los castigos es no tener ocupación digna.

Hay dos sentencias más potentes que me gusta citar porque retratan a la perfección el valor de esa acción humana; de Carlos Marx: “el trabajo es el corazón de la historia”. Bella, al comprarlo con ese órgano vital del cuerpo, que bombea la sangre vivificante a todo el organismo sin la cual no hay vida y, “el trabajo es la palanca del desarrollo de los pueblos”, de Lenin. Perfecta asimilación a ese poderoso aparejo de la física mecánica. Con Arquímedes, “dadme una palanca y moveré el mundo”, se entiende a la perfección el símil.

El planeta sigue estático, porque hace falta ese precioso ejercicio de todos los días, en diferentes lugares y horarios; con resultados distintos, en frentes diversos, bajo órdenes superiores o por iniciativa propia; razón por la que añoramos el fin del encierro para retornar a la brega.

Federico Engels nos regaló una joya que explica a la perfección la magia del hacer en el desarrollo del cerebro; un librito de pocas hojas que, dicho sea de paso, debería ser guía pedagógica en la formulación del currículo para sacar tanta basura de los programas académicos e introducir elementos del “homo faber”: El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre.

Por el valor imponderable del trabajo que nos sustenta, hoy más que nunca tenemos que decir: benditos los industriales y comerciantes que lo generan, los gobiernos que lo protegen, los obreros que lo realizan, los campesinos que preparan la tierra para la semilla que se volverá comida para los seres vivientes; benditos los conductores, aviadores y capitanes de barco que nos transportan y trasladan productos a lado y lado de la tierra; benditos los maestros que con su consagración amorosa ayudan a formar los futuros trabajadores del planeta en los múltiples frente del mercado; benditos los sacerdotes y pastores que trabajan por un mundo mejor. Bendito el personal médico que lucha por salvar la vida. Benditos los animales y herramientas que suavizan la labor humana. Benditos los empleados humildes que ayudan a escribir la historia humana.
*Triste la salida de los danieles. Pero Semana sigue siendo el mejor medio informativo.

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