Pensando en voz alta

Jaime Bedoya
Columnista

*Antonio Caballero, en “No es por aguar la fiesta”, escribió: La clase dominante ha ensayado todos los caminos para terminar el conflicto social: persecución, desapariciones, asesinatos, cárcel, desplazamiento, reformas, diálogo de sordos, exclusión del poder, ilegalización de partidos, elecciones amañadas, compradas o arrebatas. Es decir, los dueños del país, mucho más que las guerrillas marxistas, a la perfección “combinaron todas las formas de lucha” para eternizarse en el poder. Lo único que nunca ensayaron, concluyó el periodista, es la fórmula única para apagar el incendio: La justicia social. Este comentario, lo traigo a raíz de la descabellada propuesta de contratar y pagar por horas a los trabajadores colombianos. Inicua fórmula que precarizará el trabajo y la dignidad de los trabajadores, pues empezarán a despedir empleados nombrados para acogerse a la fatídica figura.

Recurrentemente, salen con propuestas que se poposean en los trabajadores, con la disculpa que haciendo barata la nómina, las empresas contratarán más obreros. En época del presidente Uribe, recortaron la noche, o alargaron el día, según lo quieran mirar. En todo caso, la jornada nocturna empieza a los 10 de la noche. Jamás aumentaron puestos de trabajo pero sí llenaron los bolsillos a los mismos. Las rebajas de los impuestos a las compañías  también han tenido igual fundamento y, nada. Cada vez menos ricos tienen mucho más dinero. Como si fuera poco, hace unos días propusieron eliminar los parafiscales que son un recurso con el que muchos trabajadores pobres cubren necesidades de sus hijos menores o padres ancianos. Algunos empresarios son el verdadero Gargantúa descrito por Rabelais en su famoso libro epónimo. No se llenan, son voraces.

“No es parte de tus bienes lo que das a los pobres. Les pertenece, porque lo que ha sido entregado por Dios para beneficio de todos, tú te lo apropias”, lo leí en mis tiempos de estudiante universitario, en un libro de Pablo Freire, que a su vez lo rescató de uno de esos vibrantes y famosos discursos de san Ambrosio en la catedral de Milán, hacia el siglo IV. De manera, pues, que el grito de justicia social no es comunista y no es de ahora.

**Cuando la ONU ataca a Venezuela, Nicaragua o Bolivia por violar los derechos humanos, nuestra derecha aplaude. Y, si es Colombia, qué. Doble moral.

***Respetuoso pero corajudo nuestro alcalde en el reclamo al presidente. Buena esa, señor.