Pensando en voz alta

Jaime Bedoya
Columnista

*Obligado balance. Al terminar la administración, es imperioso presentar algunas consideraciones sobre el discurrir de los gobernantes. Veamos, pues: Juan Pablo, con el lema de EL CAMBIO, conquistó el cargo holgadamente y nadie ponía en duda que un mandato tan contundente sería el instrumento ideológico para hacer las grandes transformaciones que la ciudad necesitaba. Entonces hay que ver el asunto desde dos ángulos: el material y el político. En el primer caso, la ciudad ha recibido mucha transformación. En el frente del cemento, todos los aplausos para el mandatario y las gentes agradecen que, como se dice coloquialmente, le puso mano a la ciudad y se notó el Cambio, con respecto a las dos administraciones anteriores. Para destacar: reconstrucción del colector Egoyá, reparcheo, terminación de avenidas, avance en el aeropuerto y la joya de la corona, El Cable Aéreo que será no sólo un medio de transporte sin contaminación ni congestiones, sino  aporte al turismo, pues de seguro será un placer “sobrevolar” esa zona tan rica en biodiversidad. Un 10, sobre 10 en este frente, Juan Pablo. Desde Martha Elena, la ciudad no recibía una caricia renovadora.

Pero otra cosa dicen referente a las costumbres morales y políticas. Un contratista me comentó que los viejos vicios siguen incrustados en la administración: Tráfico de influencias, hojas de vida no por méritos sino por directorios o recomendados de los caciques que hoy son más fuertes que antes pero con menos escrúpulos. La administración prisionera de unos cuantos mandamases politiqueros que deciden a la hora de la verdad. Abundaron los contratos basura, a los cuales se opuso en la campaña el mismo Juan Pablo. Dizque los grandes cacaos, envían a sus hombres de confianza a mirar en cada secretaría, qué dineros hay para ejecutar a fin de “cuadrar” al favorito, que eso sí, por debajo de la mesa retribuirá la jugadita, como diría el bachiller Macías. Confronté estos comentarios con empleados nombrados y me dijeron que todo es cierto. Mejor dicho, hizo carrera y se quedó entre nosotros la aspiración de los costeños: “que roben pero no toda”. Y ¿por la gobernación?, bien, Dios se lo pague. Es decir, ídem. Con razón el aspirante Carlos Botero, los definió como “populares pero corruptos”.

*Interesante el “memorial de agravios” de Álvaro Ramírez al gobernador Tamayo. Léanlo y exijan su cumplimiento.

Feliz año nuevo.