Parrandas de cuarentena

Luis García Quiroga
Columnista

He recibido mensajes de personas indignadas por el contagio masivo de la Clínica Los Rosales y por el mal servicio que allí se presta. Incluso ofrecen sus testimonios.

Creo que no es bueno hacer leña del árbol caído, pero es hora de que los propietarios de la clínica piensen en cambiar, mejorar y modernizar.

Digámoslo sin taquicardias. La reubicación de la clínica en un predio amplio, con parqueaderos suficientes, zonas verdes, pasillos generosos, es ideal porque la ciudad lo merece y porque el Municipio nunca debió haber aprobado la ampliación de esa clínica.

Sumemos que, lo sucedido en la Clínica Los Rosales con más de 100 personas contagiadas con Covid-19 y en días recientes en una finca de Pereira con 17 personas infectadas, son casos típicos de indisciplina social que suben la curva de contagio.

Ni alcaldes ni policías tienen capacidad de ejercer control sobre más de medio millón de personas en la conurbación Pereira-Dosquebradas.

Debo estar paranoico. Pero no resisto las fotos de políticos y comunales repartiendo mercados sin guardar distancias. Y policías requisando. Y cajeras de supermercados recibiendo dinero sin guantes. Y gente circulando entre las góndolas con cercanías suicidas. Igual en los buses urbanos.

¿Es un piloto de la “Inmunidad de rebaño”? En serio. Es lo que de forma prosaica llamamos el “importaculismo”, cuya excepción se da solo cuando el contagiado es uno o su familia. O el Covid 19 no es tan peligroso como dicen, o tenemos defensas mejores que las del Deportivo Pereira.

Solo las mentes disciplinadas se mantienen firmes y serenas en una crisis que por fortuna tiene políticas flexibles como el pico y cédula, siempre y cuando tanto las autoridades como los ciudadanos respetemos las elementales reglas de distancia social, uso de tapabocas, lavada de manos y demás medidas preventivas.
No es fácil acostumbrarse al encierro y menos si los recursos de supervivencia comienzan a escasear; o si está en riesgo el capital que por largo tiempo se ha forjado con tanto esfuerzo.

Lo que no se justifica de manera alguna son la parrandas de cuarentena que se vienen haciendo en barrios y fincas de recreo y de las cuales se da cuenta en los medios de comunicación y en el voz a voz de los vecindarios. Son minorías irresponsables que atentan contra las mayorías disciplinadas que respetan la cuarentena.

Son excesos inaceptables porque ponen en riesgo a toda la población del territorio y harían bien las autoridades en decir quienes son los irresponsables que se contagiaron entre sí en esa fiesta del día de las madres.

No pocos piden un escarmiento. Es maluco decirlo, pero eso es lo que merecen. Porque es ese el problema y a la vez, la mayor amenaza social.

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