Paradoja

Julián Cárdenas Correa
Columnista

Mucho se habla del futuro del trabajo, de la inteligencia artificial, de economía colaborativa, de unicornios y todo ello dentro de una gran revolución que se ha bautizado como la Cuarta Revolución Industrial.

La mayoría de los protagonistas de esta gran revolución son las generaciones millennial y centennial, es decir jóvenes que tienen todos menos de 40 años unos, y otros que apenas dejan la adolescencia. Y ese protagonismo no sólo es por ser los líderes disruptivos que están cambiando la manera de hacer negocios, sino que son además los principales usuarios y clientes de plataformas para todo, plataformas que les garantizan la inmediatez en las comunicaciones, en el comercio, en el trabajo en equipo e incluso, en las relaciones sociales y personales. El sello “low cost” o bajo costo, es también una característica del consumo de estas nuevas generaciones, pero más allá de la eficiencia en la producción, no se tiene en cuenta que necesariamente esas producciones low cost, conllevan también a trabajos y salarios low cost.

Estas nuevas generaciones son también las que se han divorciado de créditos a largo plazo para adquirir vivienda o vehículo, como también de los trabajos estables (sedentarios para algunos). El cambio, la movilidad y la insatisfacción permanente son características de estas generaciones de consumidores.

Así como el crecimiento económico que ha traído desarrollos tecnológicos que incrementan la productividad de las empresas, ha traído consigo la paradoja de altos niveles de desempleo, y con ello la promesa de cada vez menos consumidores con capacidad de compra; surge también como paradoja el hecho de que son los jóvenes inconformes, los que reclaman unas garantías que su estilo de vida es precisamente el que hace que no pueda ser sostenible.

Una ironía que surge es que son los trabajos gubernamentales, la burocracia, la que parece garantizar hacia futuro la no disrupción por parte de la tecnología y por ende terminará siendo ese tipo de trabajo, el que respondería a los reclamos que se hacen a la economía en su conjunto. Pero irónicamente estas generaciones tienen también como característica que son bastante anti-establecimiento.

La paradoja difícilmente se va a solucionar, de ahí que parezca que se autorefuerza: Los avances tecnológicos nos permiten vivir más años, con lo que no son sostenibles las edades de pensiones que se fijaron hace décadas; las empresas con tanta presión fiscal terminarán siendo las que paguen más impuestos, sumado a ello el hecho de que la presión es a producir bienes y servicios cada vez más low cost, lo que necesariamente hará que se disminuyan costos y el costo a sustituir por excelencia es la mano de obra.

Es bien difícil que podamos encontrar una solución que deje a todos contentos. Más difícil aún cuando encontramos en los sindicalistas nuestros a unos personajes que no le dedican un esfuerzo a la profundidad del debate que, como es obvio, es de hondo calado y no se soluciona con una presión al gobierno de turno.

Todos debemos reconocer la problemática, llamar las cosas por su nombre y ponernos a trabajar en pro de un futuro prometedor.