Para entender a Claudia

Iván Tabares Marín
Columnista

Claudia López pertenece a un partido político que de “verde” no tiene nada y que más bien usa una cortina de ese color para disfrazar sus verdaderas intenciones o para revelar sus patologías inconscientes, su afán destructivo y su paranoia. La Alianza Verde es un sancocho de ideologías sin identidad, conformado por los miembros de M-19, exguerrilleros de derecha que no se encontraron cómodos en el Polo de la izquierda radical; es, también, el brazo político de la comunidad LGBTI comprometida con la nueva izquierda del enfoque de género, dispuesta a lo que sea necesario para destruir el capitalismo por medio de la abolición de la familia y de toda forma de relaciones heterosexuales.

Los planes recientes de la izquierda, orientados, como en Chile, a crear caos económico por medio de repetidas manifestaciones estudiantiles y el bloqueo del transporte público, se vieron suspendidos por la pandemia. Los colombianos vimos a Claudia participando en el intento encapuchado por crear un problema artificial al gobierno Duque; pero su improvisación fue apenas una parodia del golpe dado a Piñera por los niños chilenos dirigidos por mercenarios de Maduro y de la gerontocracia cubana.

Tal vez sea un proceso inconsciente de la alcaldesa, que se cree emperatriz, y de sus asesores, pero su mandato parece inspirado por el mismo plan de los encapuchados: tras el sensiblero discurso de “salvar vidas” se oculta su desprecio por el presidente Duque, la economía capitalista y nuestra organización social “falocentrista”. Cuando los expertos asesores de Duque estudiaban el mejor momento para levantar la cuarentena general y salvar de la miseria a millones de colombianos o evitar la quiebra de los pequeños negocios, López corrió a proponer la prolongación sin fundamento del encierro por tres meses más.

Ese anuncio irresponsable está tipificado en nuestro código penal como pánico económico y de hecho presionó a algunas a empresas a despedir a sus empleados en cuarentena y a suprimir algunos contratos empresariales, según informaron los medios y las quejas de algunos ciudadanos en las redes sociales.

Al mismo tiempo, López ordenó que los mercados para los más pobres entre los pobres no llegaran a quien alguna vez hubiese estado involucrado en maltrato familiar (sin tener en cuenta que también hay mujeres maltratadoras), como si estuviéramos en un campo de concentración, donde la “parte maldita” de la sociedad patriarcal debiera morir de hambre. Es el fascismo de las feminizas del enfoque de género en acción contra los nuevos “judíos”, los hombres, aunque sigue siendo un secreto el castigo que ella tiene reservado para los machos ricos.

Claudia repite un relato meloso para esconder su ideología de odio. Ella es el libreto escrito por las frustraciones en que creció. La verdadera Claudia es la que conocimos en el Congreso jugando a ser la impoluta de lengua ligera para quien todos los otros son corruptos.