Pandemia y muerte

Walter Benavides Antia
Columnista

Al conjunto de creencias, normas de comportamiento, ceremonias de oración o sacrificio, con las que se identifica un determinado grupo humano, y con las que reconocen una relación con la divinidad (un dios, varios dioses, la naturaleza), se define como Religión. Por eso es difícil hablar de la muerte, sin hablar de religión, porque sólo tenemos la experiencia de la muerte a través de alguien que muere; pero, aún así, la muerte del otro despierta la consciencia de la separación definitiva del cuerpo y el alma. Pregunta ¿Hay una parte de nosotros que sobrevive a la muerte del cuerpo? Toda la experiencia de la humanidad (no de la imaginación), demuestra que no hemos podido saber qué sucede después de la muerte. Puesto que nada sabemos, eso prueba definidamente, que en nuestro actual estado de consciencia, sólo podemos elaborar teorías.

Nuestra capacidad de saber, está limitada por nuestro estado de consciencia. Este estado de consciencia, sólo nos permite saber ciertas cosas y tener respuestas sólo a ciertas preguntas. Si queremos saber más, descubrimos que no podemos; con cada meta de estudio que avanzamos, solo encontramos más preguntas. En algunos casos, estas preguntas permanecen exactamente en el mismo lugar, como en el caso de la vida después de la muerte; en eso, no hemos avanzado y no sabemos más, que lo que supo el hombre primitivo. Solo conocemos la vida de una persona en forma lineal, de su nacimiento, hasta la muerte. Si queremos saber qué fue antes y qué será después, (si hay antes y después) sólo podemos esperar que en un estado superior de consciencia, usando un cerebro mejorado, seamos capaces de saberlo y beneficiarnos de ello.

Muchas personas de todos los niveles sociales, desde obreros hasta científicos, gastan su energía mental en estos problemas insolubles. Inventan toda clase de soluciones, pero todo es enteramente inútil. A través de la razón, la filosofía, el arte o la religión, podemos entender una cosa, y concluir cosas, y seguramente esas terceras cosas, si hemos entendido las dos primeras. Pero problemas como el de la muerte, no podemos enfocarlos con la mente corriente, mientras otros problemas debemos desecharlos y aguardar hasta ser más conscientes y poder usar mejor el cerebro para pensar. En el pensamiento corriente, o en la filosofía, esta cuestión jamás se presenta, o si sucede, se suscita de forma tan vaga y confusa que no ayuda. Pero conocemos más divisiones, más pasos, y debemos usar este conocimiento.

Eso nos ayudará a ser más prácticos y a evitar las abstracciones inútiles, tratando de resolver problemas, que con las herramientas que tenemos podemos resolver. A manera de conclusión. Tratar de reunir en un escrito, las ideas existentes sobre la vida después de la muerte es tarea difícil: la idea positivista, científica de la muerte como desaparición, el entendimiento religioso de la muerte conectada con la idea de un alma inmortal, un cielo como recompensa y un infierno como castigo; el entendimiento espiritualista de la idea del espíritu; la idea teosófica de la reencarnación, la idea budista de la recurrencia; y muchas otras. Lo interesante es que todas son correctas; sólo parecen contradictorias. Se contradicen, sí, pero se complementan.

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