Oasis

Gonzalo Gallo
Columnista

Hoy decido ser más y más consciente del tremendo y superlativo poder de las palabras porque a veces hablo sin pensar y sin amor.

Es que hay lenguas con filo de cuchillo afilado, lenguas que juzgan sin piedad y critican sin vestigios de amor.

No quiero estar en esa lista siniestra y haré hasta lo imposible para hablar solo con amor y callar con compasión y prudencia.

Recuerdo la historia en la que un sabio monje aconseja a una persona que no sabe hablar ni callar:
“Tus palabras deben pasar siempre por tres filtros que son estas tres sabias y valiosas preguntas:
1 ¿Lo que voy a decir es amoroso?
2 ¿Estoy seguro que es verdadero?
3 ¿Esto que quiero decir es necesario?

Mis palabras van a unir, no a enfrentar; van a animar, no a desalentar; van a curar, no van a herir.
Mis palabras van a apagar el fuego de una discusión o una reyerta porque no me engancho si me agravian o me insultan.

Deja un comentario