Oasis

Gonzalo Gallo
Columnista

En mi libro “Muerte un paso a la vida” enseño que en un duelo es dañino esconder el llanto y es sano liberar estas emociones: rabia, tristeza, desespero y culpa.
La paz inunda tu alma si confías, eres paciente, perdonas y dejas de culparte y culpar a otros.
Los sabios aseguran que siempre se parte cuando es, ni antes ni después, según el plan trazado con Dios antes de venir.

Hay menos titubeos en la fe si crees en un Dios de amor y ves la muerte como un paso entre vidas.
Dios no te quita a los seres amados, cada ser parte el día escogido, antes de encarnar según lo que vino a aprender y enseñar.
Al inicio no conviene tomar decisiones radicales como cambiar de casa o de trabajo.

Un duelo se procesa con desapego, aceptación, paciencia, calma, fe y amor. Busca ayuda y no te aísles.
Es sano hablar del difunto y también es un bálsamo para el alma hablar con él. No te aferres a su cuerpo.
Entrega al ser amado sin apegos. Aferrarlo puede frenar su evolución espiritual y los apegos generan un intenso dolor.