Oasis

Gonzalo Gallo
Columnista

Un sabio llamó a un discípulo que, obcecado por la ira, había golpeado a un amigo y le había fracturado la nariz.
Lo llevó a un lugar lleno de barro y le pidió que manchara su blanca vestidura con el barro húmedo.

Luego le hizo ver que para poder limpiarlo bien lo mejor era dejar que el barro se secara de todo.
Si limpiaba de una vez la mancha se regaba más y si esperaba era más fácil quitar la mancha. Luego le dijo:

– Lo mismo nos pasa con la ira. Cálmate deja que se seque y después será mucho más fácil resolver todo.
Nunca reacciones mientras sientas ira. La ira nos ciega e impide que veamos las cosas como ellas realmente son.

Así evitarás cometer injusticias y ganarás el respeto de los demás por tu posición ponderada y serena.
Acuérdate siempre: ¡Deja que la ira se seque! Aprende a controlarte o de una chispa nacerá un gran incendio.