Oasis

Gonzalo Gallo
Columnista

Un padre de familia se equivoca cuando cree que la adolescencia siempre es sinónimo inequívoco de rebeldía y conflictos.
Sí, es una transición exigente, pero un buen número de jóvenes pasan por ella sin graves problemas.
Son los que desde la infancia respiraron una atmósfera de amor, estabilidad y buena comunicación”.

Lo mejor que pueden hacer los padres es crear un clima de afecto real, mutua confianza y genuino respeto.
Hoy un joven tiene más sentido crítico, más mundo y, al mismo tiempo, puede ser un prisionero de sus miedos.

Duda de si mismo y de su futuro, con pocos vestigios de fe ante tanta violencia y tantos cambios.
Necesita una firme confianza y pide guía, sosiego y una espiritualidad renovada y seductora.
Un joven necesita aprender a armonizar libertad y responsabilidad ya que sólo así despeja su futuro.