Oasis

Gonzalo Gallo
Columnista

Lo mejor para clausurar bien un año y saludar con amor y júbilo el 2020 es agradecer, sanar, soltar y cerrar ciclos con la ayuda del perdón y la aceptación. No necesitas cucos amarillos ni uvas.

En un espacio calmado escribe en una hoja tu plegaria de gratitud por todo, incluso lo “malo” que vino para aprender algo valioso. No hay problemas, hay aprendizajes necesarios. “Agradeser” es agrado de tu ser. Un buen propósito para el 2020: “Daré gracias sin cesar”.
Al escribir ves todo más claro y no olvidas nada. Ese escrito puedes guardarlo para animarte en tiempos aciagos.

Haz luego una lista de lo oscuro: odios, culpas iras, agravios o tristezas que eliges soltar con aceptación serena y perdón sincero a los demás y a ti mism@. El odio contamina y el perdón regala paz.
Ganas al sanar las heridas del ayer y así no inicias un nuevo año con las espinas y punzadas del pasado. ¡Date ese gran regalo!

Si no cierras ciclos con amor y paz, es imposible que tu vida y tus relaciones fluyan. El agua estancada se pudre.
Haz el ritual de quemar esa hoja mientras decretas con fe: “Dios mío, perdono y me perdono; suelto todo lo que me ata para poder volar libre y feliz”.

Hoy o después deposita esa hoja acaso en forma de barquito para que se vaya con el agua de un río mientras gritas animos@: “Me libero, suelto y sano. Gracias, amado Dios”.