Oasis

Gonzalo Gallo

Columnista

Dios mío, sólo tú calmas mi sed espiritual y me inspiras con tu Espíritu santo. Gracias por tanto amor.

  Somos simples instrumentos tuyos cuando hacemos algo valioso. Nada más que eso: instrumentos.

  Sólo tú, Padre, puedes calmar la sed del alma y dar respuesta a mis interrogantes más profundos.

  Eres la fuente del amor y no tengo que buscarte en un templo ya que moras en el santuario de mi alma.

  Allí habitas, me proteges y me acompañas siempre, aunque a veces te sienta lejano o ausente.  No eres un Dios externo, estás en mí y soy parte tuya como lo somos todos, incluso los que obran mal.

  Lo veo claro, se caen todos los muros y no hay separación, sólo una apacible consciencia de unidad.

   Nada ni nadie me aparta de ti, Dios mío, y de tu amor. Quiero sentirte, vivirte e irradiarte. Sé que me amas infinitamente.  Nota: Más en mi libro El sendero del espíritu. En librerías Nacional y Panamericana.