Oasis

Gonzalo Gallo
Columnista

Algo especial pasó cuando los ángeles anunciaron a los pastores que había nacido un rey de amor para que fueran a verlo y honrarlo.

Un angelito llegó a una humilde vivienda en la que vivía un buen hombre con su esposa y sus dos pequeños.
Meses antes por rescatar a una ovejita se había resbalado por una gran pendiente y ya no podía caminar.
Entonces le dijo al angelito que le dio la buena nueva: “Dile a los padres de ese niño que yo estaré allá de corazón.

Y al niño dale un tierno abrazo y muchos besos y dile que aunque no puedo ya andar, lo amo con todo mi ser”.
El ángel partió y esa noche el pastor oró un buen rato con los suyos y se durmió plácidamente.

De pronto despertó con su esposa y sus niños porque dormían en la misma habitación y brillaba una linda luz blanca.
De esa luz salieron cuatro rayos hacia sus corazones y se oyó una voz que dijo: “Son amados y bendecidos”. El pastor sintió algo en sus piernas y llorò emocionado al ver que podía volver a caminar.