Milagros: ¿estafa, fraude o verdad?

Padre Pacho
Columnista

Hoy algunos se dejan encantar ante ciertos personajes que dicen poseer poderes extraordinarios, bajo el subterfugio de la fe. Acomodan un dios, a las necesidades del cliente; supermercados de la fe, con milagrería al detal, con un objetivo, “lucrarse”, bajo una espiritualidad mágica y engañosa.

La prerrogativa de hacer milagros se cuenta entre las más atestiguadas en la vida de Jesús. Sin embargo, debe tenerse claro que la escritura ofrece unos criterios para juzgar la autenticidad del milagro: Nunca es un fin en sí mismo; no debe servir para ensalzar a quien lo realiza, poniendo al descubierto sus poderes extraordinarios, como generalmente sucede con los sanadores y taumaturgos, quienes generalmente se hacen publicidad a sí mismos; es un incentivo y un premio a la fe; es un signo y debe servir para elevar a un significado.

El milagro aparece en el propio evangelio, como ambiguo, en ocasiones se ve como algo positivo cuando es acogido con gratitud y alegría y suscita la fe, en otras como negativo cuando es solicitado, o incluso exigido para creer. Hoy su ambigüedad continua, por un lado, por quienes lo buscan a toda costa, siempre a la casa de hechos extraordinarios, deteniéndose en ellos y en su utilidad inmediata; o en el lado opuesto, de aquellos que no dejan espacio alguno al milagro, contemplándolo con cierta molestia, como una manifestación inferior de religiosidad.

El hombre tiene dos medios para intentar superar sus enfermedades: la naturaleza y la gracia. Naturaleza indica la inteligencia, la ciencia, la medicina, la técnica; la gracia indica el recurso directo a Dios, a través de la fe, la oración y los sacramentos.

Lo malo empieza cuando se busca una tercera vía: la magia, la que hace palanca en pretendidos poderes ocultos de la persona que no se basan ni en la ciencia ni en la fe. En el primer caso, la persona jamás atribuye a poderes propios los resultados obtenidos, sino a Dios; en el segundo, la gente no hace más que alardear de sus pretendidos «poderes extraordinarios». No es difícil distinguir cuándo se trata de un verdadero carisma de curación o de una falsificación por magia.

El milagro es una consecuencia, de aquello que nos atrevemos a creer. No es todo hecho inexplicable, sino aquel hecho inexplicable que, por las circunstancias en las que ocurre, reviste el carácter de señal divina.