Milagro: salvaron su vida

Rubén Darío Franco Narváez
Columnista

“Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol” (Martin Luther King).
El Jardín es uno de los barrios más arborizados de Pereira después de las comunas El Centro, Universidad y Olímpica. Allí, sus diez mil habitantes disfrutan de la belleza de las acacias, almendros, guayacanes, guayabos y samanes, en cuyas ramas se posan gran variedad de pajaritos para obsequiar trinos de amor.

Hoy, gratamente recuerdo su nacimiento en el año 1973, con 102 viviendas unifamiliares, hasta alcanzar a completar 532 adjudicadas; pero, con una gran ventaja para la ciudad que en 1974 –todavía no se habían entregado, por parte del Instituto de Crédito Territorial-, sirvieron para alojar a un gran número de deportistas participantes en los X Juegos Nacionales 74 en la querendona Pereira con la dirección general del doctor Jaime Cortés Díaz.

En mi memoria ocular, como periodista cubriendo fuentes, está registrada la tarea titánica del Padre Gustavo Méndez Idárraga, liderando convites, rifas, “mercados de las pulgas” y venta de empanadas, amasando recursos con los cuales construyó el templo “María Reina”, circundado por imponentes árboles que en época primaveral sirven para florecer las ceremonias religiosas, especialmente las primeras comuniones, las confirmaciones y los matrimonios.

El Jardín –ubicado al suroccidente de Pereira- es un pulmón ecológico, donde la mayoría de sus habitantes exhiben con orgullo verdadero sentido de pertenencia. Esa apreciación la logré, en la tarde del jueves 27 de marzo de 2020, como testigo de un milagro: salvaron la vida de una Acacia.

Aplaudo la acción de un batallón de damas encabezadas por Nelly, Cecilia, Luisa, Bety, Adriana, Martha y María Fernanda, frenando las intenciones de personal uniformado de “Soluciones Ambientales” que se disponía a cometer un arboricidio; pero, los desalmados sólo alcanzaron a cortar unas pocas ramas.

Siempre el interés general prima sobre el particular; sobre ello, la regla es clara universalmente. Según algunas voceras del barrio El Jardín, este caso que, ya es repetitivo, se le debe a una caprichosa señora que le disgustan las hojas, las flores que caen de acacias, samanes y guayacanes, con el argumento que ella es la sacrificada porque le corresponde barrer el andén de su vivienda.
El Jardín es un verdadero pulmón ecológico de “La Villa de Cañarte”.