Mi fuero de reír

Gabriel Ángel Ardila
Columnista

Es un país de risas. Y la gente, para risas. Y las cosas que se hacen, p’a risas.

Como ya no es moda el respeto a nada de lo sagrado o tradicional; se cambia el respeto a la mamá por el cariño y la veneración a los animales para los que exigen e imponen plenitud de derechos; como ya no se respeta al policía porque la emprenden a palos y piedra, donde sea, contra ellos, ahora el respeto exigido es a los marihuanos y dependientes en los parques; como no se respeta al profesor porque le exigen los resultados que no dan con puñaleta en mano, exigen respeto al libre desarrollo… ese y a la promoción automática; como no se respeta a la humanidad, a la gente, se exige en el respeto a la “madre tierra” y a natura perse, para que nadie la pise sino que mejor la fume… No es eso reír en serio, ¿por todo?

Ni la Constitución, la Ley, los mandatos de ninguna iglesia sirven más que el alegato público en el fuero de la derechitis, porque ya empoderados, se pueden tirar a la calle a gritar, a repintar paredes con mamarrachos que llaman gratifis de malas artes, a lanzar piedras o extintores contra las vidrieras de negocios o vehículos y todo es por la bendición de la “participación ciudadana” y el libre derecho al desarrollo de toda impunidad social. Ríen ellas, ríen ellos y todos en uso de sus facultades temperamentales, desbaratan esta sociedad entre risas.

Los que ejercen autoridad perdieron su fuero por extinción de sus dominios al abusar del fisco y de privilegios que convierten en ofensiva su presencia y solo son simpáticos en días de campañas que olvidan rápidamente tras reelegirse o reinstalarse en los cargos: ¡qué risa!

Dan risa, por todo eso, los indicadores de progreso de una humanidad que ya no está en el 98 por ciento de analfabetismo, porque al revés de esa cifra suena todo a risas ¡con su educación!
Hay inmediata comunicación y casi todo el mundo lee en sus celulares y medios electrónicos portátiles, pero no dialogan sino que se insultan con estridencia digital. ¡Qué risa mi país, que risa mi mundo, que risa me doy!