Los planes de desarrollo territoriales

Jesús Saldarriaga G.
Columnista

Cada cuatro años, de acuerdo con la Ley 152 de 1994, Ley orgánica que regula los planes de desarrollo para las entidades territoriales, se inician procesos participativos de formulación de nuevos planes. Estos parten de los programas de gobierno que los candidatos ganadores formulan y entregan ante la registraduría cuando inscriben las candidaturas.

Cada cuatro años se baraja de nuevo las estrategias, pues cada gobernante trae los énfasis de su visión, la cual fue la que se impuso en las urnas en la contienda electoral.
Después de la expedición de la Ley 152, las entidades territoriales (municipios, departamentos distritos), llevan siete planes de desarrollo. Cuando se revisan lo primeros, comparativamente con los últimos, se encuentra una diferencia abismal. Los planes de hoy tienen mejor estructura para buscar los resultados y los impactos, diferenciando los de gestión y producto. También es cierto que depende mucho de la categoría de los municipios. No es lo mismo un plan de desarrollo para una ciudad capital como Pereira, de primera categoría, que uno para un municipio de los muchos que están en categoría sexta (municipios pobres, rurales, y altamente dependientes de las transferencias de la nación).

Los planes de desarrollo territorial (PDT), solo para cuatro años, se quedan cortos en el propósito de tener una visión eficiente para dirigir el desarrollo de un territorio. Muchos proyectos estratégicos, de largo aliento, sufren los cambios de los gobiernos, tanto territoriales como nacional. Un ejemplo real y actual, es el Metro de Bogotá. Los bogotanos llevan más de cinco décadas tratando de consolidar el proyecto del metro para la ciudad más poblada de Colombia. La estructuración la empezó el gobierno de Samuel Moreno y luego la consolidó el gobierno de Petro. Al entrar un nuevo gobierno en el año 2016, se entró a cambiar el tipo de proyecto de subterráneo a elevado. Ahora entró el gobierno de Claudia López, quien hábilmente, no dejó meter la ciudad en la propuesta de devolverse al metro subterráneo y propone avanzar porque la gente es la que sufre la falta de movilidad cada día.

Llevamos casi dos décadas decidiendo si hacemos o no el Metro de Bogotá, simplemente porque los candidatos ganadores, fueron elegidos con unas propuestas que hicieron a los electores y que dejaron inscritas en la Registraduría. Pero más allá de ese proceso que es legal, pero indicativo, lo que más afecta la planificación estratégica de los territorios en Colombia, es la visión de corto plazo que a su vez se soporta en la Ley para que cada cuatro años, muchos gobernantes quieran inventarse la rueda.

Pero de otro lado, tenemos ejemplos de buenas prácticas, donde inteligentemente, se construye sobre lo construido. Líderes con muestra de grandeza que reconocen lo bueno de sus antecesores y lo aprovechan para lograr más y mejores resultados en un tiempo tan corto como se vuelven los cuatro años de gobierno al frente de una entidad territorial. Una muestra de ello, con nombre propio, fue el modelo de gestión que logró implementar el exalcalde Juan Pablo Gallo en la ciudad de Pereira. Su antecesor le dejó más de una docena de proyectos planificados, estructurados y algunos adjudicados para la ejecución. El exalcalde de forma hábil incorporó dichos proyectos bajo la sombrilla de su imagen, los incorporó en el nuevo Plan de Desarrollo, y rápidamente pudo entregar victorias tempranas a los ciudadanos pereiranos.

Las vías estructuradas para financiarse con recursos de valorización, las cuales terminó pagándolas con recursos propios y devolviendo los dineros a quienes habían pagado la valorización. La modernización del Aeropuerto Matecaña, el fortalecimiento del Bioparque Ukumari, las obras viales de acceso al aeropuerto, la terminación del corredor San Mateo para Megabus, la recuperación y modernización del colector egoyá, implementación de nuevas tecnologías para pavimentar las vías urbanas de la ciudad, etc.

Las ciudades y departamentos deberían tener planes estratégicos de largo aliento, con visiones a 20 o 30 años hacia el futuro. Así como Colombia tiene una visión al año 2032, ya que quiere llegar a ser la “tercera economía más competitiva de Latino América”. Pero planes estratégicos que se respeten y se tengan en cuenta para calcular los indicadores y las metas de los planes territoriales cada cuatro años.