Los ‘extranjeros’ políticos

Alvaro Rodríguez H.
Columnista

Como siempre, son estupendos pescadores de votos en cada subienda electoral.
La cola se sale de las urnas. Hablo de quienes tienen responsabilidades políticas: Senadores y Representantes.
Gratitud no existe: intereses.

La vara la tiran y pescan -muchos de ellos- en las aguas turbulentas de la política.
El listado es alto. Hacen su negocio y vuelven a los 4 años, con déficit de presencia en la región. Ciertos líderes han acostumbrado mal a cierta jauría electoral.

Los casos abundan con generosidad. Y los que se eligen en la región, poca respuesta dan en su gestión a quienes votaron por ellos. La soberanía del voto no existe. Se acaba cuando depositamos el sufragio en las urnas.
Es bueno que María del Rosario Guerra, del CD; Mario Castaño, liberal; el propio Iván Marulanda, ala fajardista y otros senadores, vuelvan los ojos a la región. Que digan qué han hecho como mínimo.

Ahora, la lista crece para la Cámara y está bien. La pregunta es saber quiénes lo han hecho bien y quiénes mal. Sin compromiso alguno. Ellos no pueden seguir creyendo que están por encima del bien y del mal. Levitar entre su voracidad o defensa de lo público y pareciese que despachan desde la estratósfera, muchos de ellos.
Así como hubo revuelta en la Asamblea, concejos, alcaldías, gobernación, no se extrañe que el castigo en las urnas para el Congreso irrumpa con mayor fuerza.

El cobro de contado a voces silenciosas, lejanas, a quienes roncan en esa sede política capitalina.
Por eso, desde ya, la crisis de los partidos trae otras voces. Por eso, proyectos políticos que no recojan cercanía, coherencia, transmitan confianza, que hayan provocado fracturas institucionales, sufrirán mucho en el castigo que les aguarda.

La política no puede ser la trastienda o el patio de sus acumulados poderes.
De allí el auge de movimientos, de minoritarios, de fuerzas que aglutinan y reclaman otros ideales en la ruta de una esperanza real y no congestión de ilusiones.

Ya vuelve la “legión extranjera”. Otra forma de pesca milagrosa que el elector no puede patrocinar sin tener sus resultados claros. El verdadero poder del voto existe, cuando conocemos cómo votaron los proyectos, qué intereses defendieron. La soberanía popular no se entrega, se defiende.