Los ejemplos perversos

Víctor Zuluaga Gómez

Columnista

Transitaba por la Avenida de las Américas en Pereira, en sentido Occidente-oriente y al pasar al frente de Home Center pude observar cómo un motociclista me sobrepasaba a una velocidad exagerada pero, lo más aterrador, con la llanta delantera en el aire.

Este paisaje en las vías no es extraño, pues estamos ya acostumbrados a que los vehículos transiten por el lado izquierdo, sin tener en cuenta que ese carril, cuando hay doble vía, es exclusivamente para adelantar. O que los motociclistas tampoco respeten la norma de circular exclusivamente por el lado derecho, de no sobrepasar a otro vehículo por el lado derecho y que no circulen por entre dos vehículos.

Resulta que la  mayoría de los motociclistas son jóvenes cuya edad fluctúa entre 18 y 25 años, y tienen suficiente claridad sobre la posibilidad de la muerte, pero no para ellos sino para los otros conductores.

Frente a este fenómeno, bueno es entender las razones por las cuales se ha venido presentando un aumento de motos de tal proporción y entonces tendremos que aceptar que el servicio público de transporte no es cómodo, ni oportuno ni tiene el suficiente cubrimiento para todas las áreas de la ciudad. Pero también a ello habría que agregarse el hecho de que siendo el motociclista un conductor que no está sometido al cumplimiento de ninguna norma en materia de circulación, pues es evidente que resulta más rápido su desplazamiento por unas vías que día tras día se ven más congestionadas.

Es necesario, cuando hablamos de movilidad, pensar en que hay ciertos puntos críticos como la vía que conduce a Cerritos porque los planes de vivienda han aumentado en ese sector, de una manera desbordada si se tiene en cuenta que no se ha construido ninguna vía adicional que permita descongestionar la entrada al Tigre y el retorno para Galicia cuando se transita de Este a Oeste.

Es evidente que las vías que puedan estar presupuestadas van a demorar considerablemente y tendremos que aceptar que le índice de accidentalidad seguramente crecerá, porque no existe un plan educativo para que los conductores de buses, automóviles y camiones, así como los motociclistas, puedan comprender los riesgos que se corren por violación de normas de movilidad. Pero si no existe un plan de concientización, también es cierto que las autoridades encargadas de hacer cumplir las normas, son las primeras encargadas de violarlas.