Los desarmes contribuyen a la inseguridad

Jaime Castaño Torres
Columnista

“Hay que estar armados para la guerra, para poder conservar la paz”, decía entre otros Sir Winston Churchill, líder indiscutible de la Segunda Guerra Mundial y no le faltaba razón. Cuando Pancho Villa tomó el poder en México una de sus primeras leyes fue liberar el porte de armas a condición de que se portaran a la vista de todos como advertencia para que los demás supieran que cada quien andaba armado. Dicen que el primer día hubo algunos muertos pero después surgió la paz tal vez por el temor a la rapidez del presunto contrincante, pero lo cierto es que todo se apaciguó.

En Colombia cuando asumió el poder Ospina Pérez en 1946 proscribió totalmente el porte o tenencia de armas y al calor de ese mandato la policía “Chulavita” (que quede claro eso del calificativo, esa policía que era municipal entonces), llegaba a las fincas de los liberales a requisar y decomisar todo lo que pareciera arma de defensa, y en las aciagas noches de entonces llegaba la “chusma” política contraria a arrasar con la vida, honra y bienes de los moradores, con la seguridad de que no habría resistencia de las víctimas y así acabaron con media Colombia, y hasta el partido Liberal se abstuvo de presentar candidato a las elecciones presidenciales de 1950 y por ello pudo llegar a la Presidencia Laureano Gómez Castro. Vino la segunda oleada de violencia de los años 56 y siguientes ocasionada por los llamados “pájaros” liderados al principio por el engendro del mal León María Lozano, alias El Cóndor, quien fuera muerto en Pereira a manos de dos menores cuya familia había sido víctima de las atrocidades de éste cuando eran casi bebés, niños de menos de 6 años, pero que juraron matarlo en venganza y lo lograron. Pero como la delincuencia es tan rentable, muere un jefe y salen mil con toda su furia y mayor maldad que el desaparecido como sucedió como la hidra de mil cabezas de la mitología griega.

En 1958 llego Alberto Lleras Camargo a la Presidencia en el primer periodo del Frente Nacional y ante la irrefrenable ola de asesinatos autorizó el porte de armas para quienes acreditaran ante el Ejército que requerían de un arma para su defensa personal por su condición, ya fuera por posición económica o política que le exigiera protección y por ello se expidieron entonces los salvoconductos en una libretica pequeña y funcionaron hasta que el bobo Santos pensó que el único factor de violencia eran sus compinches de las Farc y prohibió el porte de armas aún cuando siguió cobrando abusivamente por la refrendación de tales permisos que no sirven para nada pero evitan una sanción pecunia por no pagarlos.

En esa misma época de Lleras Camargo se autorizó el pago de recompensas por la captura o muerte de los delincuentes habiendo sido el primer pago a un campesino de La María en el Norte del Valle que mató al “Pollo Omar”, un asesino que lo mantenía extorsionado y por cuya muerte le pagaron la entonces astronómica suma de 180 mil pesos. Ese mismo gran Presidente para solucionar el desplazamiento -llamado entonces “exilo”- y en lugar de ponerlos a pelear con los tenedores de las tierras que les despojaron, los envió a colonizar los Llanos Orientales de Acacías hacia adentro y esos campesinos bien orientados por el Gobierno y apoyados económicamente por el mismo crearon la gran despensa que hoy abastece de comida a Bogotá. Ahora vuelve y se repite la historia: Santos y Duque creen que vivimos en Suiza y parece que no oyeran noticias.

El segundo no sabe que el primero recortó el Ejército al máximo y los violentos se multiplicaron y se fueron apoderando del País ante la impotencia de los buenos ciudadanos. Basta con mirar el caso del médico que defendiendo su vida y en inferioridad numérica abatió a tres atracadores y todo el mundo empieza a decir que hubo exceso en la legitima defensa a sabiendas que si el muerto hubiera sido el médico sólo habría sido un pequeño titular de prensa “médico muerto a manos de atracadores” y no más, solo era un número de estadística. Pero como se violaron los derechos a los atracadores todo el mundo duda de su derecho a defenderse. No sean ignorantes: El Estado no es capaz de proteger a los ciudadanos ni la soberanía, ni nada. El recaudo solo da para pagar burócratas y nada mas.

Total, restablezcan el derecho a la legítima defensa permitiendo el porte de armas con el tamiz legal del Ministerio de Defensa y los señores jueces y fiscales que cumplan con su deber de administrar justicia pero pronta y cumplidamente, no como ahora que por la fuga de la Merlano quieren juzgar a su hija, pero nada dicen de quien financió esa fuga y la compra de votos de que la acusan y solo ella es la delincuente porque el cuello blanco de sus promotores no les deja identificar su cara porque son los verdaderos corruptos con chequera libre para patrocinar hasta el vencimiento de términos judiciales como ha sucedido en tantos casos graves en este país del Corazón de Jesús.