Lo bueno, lo malo y lo feo

Ernesto Zuluaga
Columnista

Se acaba el año 2019 y a los pereiranos nos queda un sinnúmero de sentimientos encontrados. Muchas cosas buenas, otras malas y otras feas o tal vez nauseabundas, de aquellas que producen profundas frustraciones. Voy a empezar por estas últimas y les terminaré el año discurriendo sobre las otras.

Se destapó un escándalo de mayúsculas proporciones en el Hospital San Jorge en el que se denunciaron muchos procesos y contratos viciados y corruptos. La magnitud del asunto llevó al Contralor General de la República, nuestro coterráneo, a expresar públicamente el 18 de marzo de este año que con base en los hallazgos obtenidos por la Superintendencia de Salud —que consolidó un informe de 500 páginas el cual debería ser respondido por las directivas del Hospital San Jorge en un plazo de 10 días hábiles— adelantaría un control de excepción en esa empresa del estado. Se fueron nueve meses y nada, no pasó casi nada. Todo quedó en que se constituyeron cincuenta y cinco (55) hallazgos administrativos, veintiocho (28) de ellos con incidencia fiscal, cincuenta (50) con presunta incidencia disciplinaria, dos (2) con presunta incidencia penal, tres (3) con solicitud de indagación preliminar, uno (1) con traslado a la Dirección de Fiscalización y Gestión de Cobro de la Gobernación de Risaralda y uno (1) con solicitud de proceso Administrativo Sancionatorio. Esto fue lo que reveló el informe entregado por la Contraloría después de nueve meses. Me siento un ciudadano frustrado. Tanta basura que se escucha en torno a los temas de la corrupción y solo nos queda la impotencia. Se acabó este gobierno y la opinión pública se quedó sin tener alguna noticia concluyente sobre todos los pomposos anuncios de las entidades de control. En dos o tres años nos dirán que de todos esos hallazgos que se encontraron no se descubrió nada importante. ¡Y la salud vuelta m…..!

Por otro lado, concluye el mandato de cuatro años del actual gobernador y no fue posible en todo este tiempo tener un director en propiedad en la Corporación Autónoma (?) Regional de Risaralda —CARDER—. Qué desfachatez! Cuatro años, señoras y señores. ¿Quién lo puede creer? Y mientras tanto la Contraloría General de la República reporta que encontró allí un total de 37 presuntos hallazgos de índole fiscal y disciplinario luego de revisar el informe de gestión correspondiente a la vigencia 2018. Según el ente de control, al parecer en la CARDER se habrían tenido manejos irregulares en su presupuesto pues se encontraron 6 presuntos hallazgos con alcance fiscal y 21 con presunta incidencia disciplinaria y que a 3 se les adelanta una solicitud de indagación preliminar. Nuestras instituciones se desmoronan en medio de la inoperancia de los entes de control y de nuestros dirigentes. No haber nombrado un director en cuatro años debería costarle una sanción también a los miembros del consejo directivo. Qué vergüenza!

Las acciones pobres y politizadas de los organismos de control exigen que también allí se tomen decisiones de fondo. Si la sal se corrompe estamos fritos. Creo indispensable y urgente establecer una inhabilidad de (por lo menos) cinco años para el fiscal, el contralor y el procurador y erradicar así y de una vez por todas la politiquería en todos estos organismos. A la fecha todos ellos, sin excepción, son precandidatos presidenciales. Imposible hacer justicia con esas pretensiones.
Feliz navidad para todos mis lectores.