Llegó el miedo

Neverg Londoño Arias
Columnista

Cuando nos encontramos frente a un fenómeno natural que escapa al control de los seres humanos hay gran desconcierto e incertidumbre. Cuando los agentes patógenos se enseñorean sobre la vida, sólo nos queda refugiarnos en el miedo, al lado opuesto de la protección y la tranquilidad. Desde ese lugar se hace evidente una vez más la existencia de limitantes de la condición humana frente a sus relaciones con la naturaleza.

El virus se origina en un animal, posteriormente pasa a los humanos donde logra adaptarse; dice una de las fuentes. Pero, en medio del caos, se busca otra explicación. Existen razones que generan desconcierto y una inmensa pesadumbre. Las teorías de la conspiración alientan a grupos y naciones que reviven las teorías maltusianas sobre la necesidad de regular el crecimiento de la población y uno de los mecanismos para lograrlo es la guerra. La guerra como tal es un juego sucio, estridente o silenciosa y las armas a utilizar en cualquier momento, pueden ser biológicas y químicas con el uso indiscriminado de todo tipo de sustancias sin importar la procedencia.  Como existe una guerra comercial entre China y Estados Unidos, es posible que haya mucha información oculta y demoraremos en conocer el origen real de todos los males que nos atemorizan. Vamos a dejarle a los analistas de la historia actual la tarea de encontrar esa verdad perdida. 

En atención a su misión, la ciencia contrarresta los primeros efectos de la inesperada pandemia; la economía de la informalidad se debate en la carencia de fuentes de subsistencia y la economía mundial se desmorona. El Covid-19 similar a un personaje nefasto de una película de ciencia ficción en este marco de incertidumbre y desesperanza parece haber escapado a todo control, su objetivo terminal está en amenazar a la población mayor: a los abuelos.

Ha llegado el miedo a Colombia. Todos los profesionales de la salud se encuentran alerta para dar lo mejor de sí en una lucha por combatir la epidemia con el optimismo puesto en una inquebrantable capacidad de servicio.

Es posible que el aislamiento de la población genere un poco de miedo, que la ansiedad provoque irritabilidad y llanto. Que la convivencia en algunos momentos sea difícil y que se trate de acumular comida y artículos de primera necesidad ante el temor a “lo que puede ocurrir”, sin saber qué puede ocurrir.

La colaboración que piden las autoridades de la salud, consiste en pequeños sacrificios a corto plazo: el lavado de las manos, el aislamiento y el distanciamiento social.

La única tarea está en salvar la vida.

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