Leyendo columnistas

Luis Miguel Cárdenas Villada
Columnista

Resulta engrandecedor leer columnistas. En ellos se encuentran espacios de reflexión enriquecedora; para todo lector desprevenido los contenidos de estos intelectuales fortalecen el espíritu crítico tan necesario en una sociedad en movimiento, coadyuvando con sus comprendidos a la formación critica necesaria para formar democracia aun siendo esta una forma precaria de participación pero al no haber más resulta bueno practicarla.

Cuando hay una captura corporativa del estado se establecen unos presupuestos éticos que suponen reglas de juego claras y prácticas para que todos los asociados tengan presuntamente igualdad de oportunidades así se asuman diferencias de opinión. La alteridad pareciese ser la mejor de las presupuestaciones para garantizar respeto por la opinión de los demás. La estética o transparencia complementa los fundamentos éticos sin dejar de desconocer que la moral es un presupuesto humano surgido de la individualidad, su avance colectivo. Siempre y sin ambages se debe tener posición de lugar.

Todo está planteado para que funcione. Todo está dicho, todo se conoce. Ya no hay espacio para la especulación si se es sensato y coherente. La demostración plena del hombre, sus aptitudes y actitudes no requieren ya de interpretaciones imprecisas, solo se requiere consistencia en la apreciación y racionalidad en la decisión. Nadie debería ser más que otro en intelecto por la simple razón del conocimiento omnímodo en tiempo real. Aquí si vale la inteligencia artificial como medio insuperable de comunicación para todos. El conocimiento sin lugar a dudas es la mejor interpretación de democracia por eso, de manera inequívoca se entiende que si todos conocen en diferentes escalas del saber, las relaciones humanas deberían ser armónicas. Unos aprenden primero con sapiencia que otros, para que los otros, menos favorecidos, construyan capital social. Los humanos son seres inteligentes aunque la gran mayoría de ellos son primarios y otros descaradamente impostan su intelectualidad.

Se deleita el lector cuando los columnistas presentan sus escritos con contenidos apropiados, pertenecientes, sin desconocer que existen otros humanos que piensan mejor o pensaron primero. Citar o referenciar es propio de quien se atreve a expresar algo, esto no le resta importancia por el contrario lo acredita. Opinar con libertad y orden no excluye las citas memorables. Por eso hay columnistas in memoriam y columnistas impostadores con insolente acrisolo. La autosuficiencia es una actitud chocante de un columnista así lo haga con plenitud de conocimiento pero es reprochable esta actitud cuando surge de la ignorancia. No es bueno leer impostores intelectuales.

No es difícil entender la existencia de columnistas internacionales, nacionales y locales en el ámbito del espacio donde desarrollan sus opiniones. Columnistas tratadistas son comunes en el mundo, opinadores sapientes tiene reconocimiento regional de Países, columnistas parroquiales que se localizan en localidades sin ningún reato asumen el rol de impostadores. La trascendencia de un columnista está ligada necesariamente a su pensamiento autónomo con plena demostración, a su independencia, a su ubicuidad, por eso su prestancia. No se trata de lirica literaria, composición gramatical acendrada, abuso de la crítica exacerbada e infundada, se trata de la ecuanimidad, de un conocimiento de verdad. Un columnista no puede ideologizar con juicios de valor sus comentarios ni mucho menos cuando no son suyos, más cuando se contradice en su postura política de origen partidario.
Lumica74@hotmail.com

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