La República está en riesgo

Oscar Alberto Díaz Garcia
Columnista

Han transcurrido más de dos mil trescientos años y el pensamiento aristotélico sobre la democracia continua vigente; a su juicio, las peores formas de gobierno, eran la tiranía, la oligarquía, y la demagogia. Entendiendo la demagogia, como la forma patológica de la democracia.

Víctor Sampedro Blanco en su obra “Ppinión Pública y Democracia Deliberativa” hace una afirmación que nos invita a revaluar el concepto actual sobre esta realidad; según el autor, “Los políticos y los periodistas con los encuestadores, dicen representar a la opinión pública; pero también la gestionan. Reducen la participación ciudadana a consumir información, a responder encuestas y a votar. La democracia deliberativa va más allá, e intenta hacer compatible la opinión pública, como suma de votos y encuestas, con la opinión de la calle y las iniciativas de la sociedad civil”.

Sampedro Blanco no conoce a Colombia y Aristóteles jamás se imaginó una combinación simultánea de esas tres formas, no solo de gobierno, sino de concebir un estado. Nosotros tenemos tiranos en las altas cortes y una cáfila infinita de demagogos y oligarcas en el poder ejecutivo y en el legislador. Si invitamos al periodista y sociólogo español a que venga a Colombia, puede llegar a formarse un concepto bien claro sobre la manera como los políticos corrompieron la prensa, las altas cortes, las instituciones y a la misma subversión. Si en sus comienzos hubo algún ideólogo legítimo, los cubanos que desde siempre estuvieron les dañaron el alma.

Por la plata baila el perro. Hoy, después de vivir del narcotráfico y el secuestro durante más de sesenta años, llegaron al poder legislativo; el judicial lo infiltraron desde la toma del palacio de justicia. Santos, todos lo sabemos aunque muchos no acepten esa verdad, tiene la misión de redondear la faena: retomar el ejecutivo; en esas anda.

Periodistas y medios como Semana, El Espectador y Caracol, en ese orden de precedencia, gestionan y manipulan con sus falacias y montajes la opinión pública; y ministros como Trujillo, se escudan en la no deliberación política de los militares, para fusilarlos primero y después iniciar investigaciones; fue un acto administrativo, dijo Duque respaldando una injusticia a todas luces. Separarlos del cargo hubiese sido suficiente, pero sacarlos como perros fue un acto ilegitimo. Ilegitimidad que la corte constitucional ignora, dado que le conviene.

Santos corrompió la cúpula militar y Duque dejó un largo periodo al general Mejía de comandante de las FFMM; de contera lo tiene de embajador en Australia. No se concibe lógico que alguien sobre quien hay tantas dudas y frustradas investigaciones, además de sus actos de extrema lamboneria política personal con Santos, con una hija que labora en la Revista Semana, conserve ascendencia y poder dentro de los militares y sea escuchado por el alto gobierno. El portal “El expediente” reveló oportunamente pruebas de la corrupción en la aviación delEejército durante el gobierno Santos, siendo comandante de tal cuerpo el general Mejía. Hoy en una aparente purga, sacan los más bobos y dejan los más vivos.

Ahora, según nos cuenta María Isabel Rueda en reciente columna de El Tiempo (Mayo 9) Mejía se prepara para ser en dos años Ministro de Defensa; ¿con Holmes Trujillo de presidente? Pregunto yo. Solo nos faltaría que el CD los avale; por la plata y los votos baila el perro. Aristóteles nunca se dio cuenta.