La protesta debiera ser contra los padres de la patria

Oscar Alberto Díaz Garcia

Columnista

“El fracaso estruendoso del modelo soviético, las dictaduras de derecha e izquierda, la tragedia venezolana, la transformación de la insurgencia en narco guerrilla, la aberrante concentración de la riqueza planetaria (3.450 millones viven con menos de U$ 5 al día) 7.500 millones de habitantes en la tierra, las redes sociales inundadas de verdades y mentiras pero repletas de libertad de opinión, han creado un caldo de cultivo propio para la rebeldía universal. Y ha estallado: las masas salen a protestar por todo y por nada, están cansadas, heridas, sin salida. Los ‘líderes’ se venden por puestos y dinero, por poder y tierras. Los ‘políticos’ no las representan, son repudiados. Hasta la Iglesia muestra signos de profundo descrédito. Pero las gentes no se callan, quieren cambiar las cosas sin que cambie el ‘Sistema’ pues el que tienen no sirve pero el que les ofrecen tampoco. Por tanto a presionar, a gritar, a manifestarse, a tomarse las calles, a sacar banderas y cacerolas, a decir: ¡No más! ” (Mauricio Jaramillo Londoño).

De hecho Colombia no escapa de esta realidad que apabulla, pero que algunos aprovechados de pésima laya se valen para sembrar el caos dentro de una manifestación legitima.  Vándalos, desadaptados sociales y rémoras aparecen por doquier. Instituciones como las fuerzas armadas, son presentadas desde medios falaces como bandidos, para pasar del vituperio y la humillación al ataque artero y agresivo.  El respeto a las autoridades se pierde entre la necedad del revoltoso y la pusilánime actitud de un estado badulaque.

Estado malévolo que nace de los “Padres de la Patria”, responsables de casi todas las desdichas; recordemos los más recientes engaños: el pueblo dijo No a un plebiscito para bendecir los acuerdos de la Habana; sus autores, Santos y los cubanos, arrodillaron al congreso para validar lo negado. El congreso se vendió.  Duque prometió reformar la JEP y de paso la justicia, pero de nuevo el congreso se atravesó; el mismo congreso que se niega a bajar sus sueldos, que le teme a los violadores de niños y los deja bajo el amparo de la Justicia amañada del ilegitimo tribunal pro Farc.

Buena parte de la solución de problemas es del resorte legislativo, ese que chantajea al gobierno para aprobarle cada iniciativa y se asegura de no hacerlo mientras no haya el pago que alimenta el monstruo de la corrupción.  Son los perversos padres de la patria; la salud y sus graves problemas, la seguridad ciudadana, la educación y la justicia, son los más sentidos de los asuntos que debe resolver un estado burletero, que existe así desde hace décadas, pero cuyo crecimiento corrupto llego a su culmen con Santos. La tarea de Duque es inconmensurable: evitar la inviabilidad de Colombia por un próximo estado socialista.