La odisea de exportar

Rodrigo Ocampo Ossa
Columnista

Dicen las noticias que las exportaciones no crecen al ritmo del resto de la economía. Un reciente informe en televisión lo atribuye a la volatilidad del precio del dólar y a las dificultades del mercado global, lo cual puede incidir. Pero los analistas ignoran lo que le ocurre a quienes pretenden exportar a pequeña escala, quizás porque nunca lo han intentado.

El primer tropiezo son los enormes costos de envío. Los despachos de Colombia hacia Estados Unidos valen unas cuatro veces más que los de Estados Unidos a Colombia porque los procesos de seguridad se cargan al productor haciendo que el transporte valga más que la mercancía que muchas veces llega semidestruida por las aduanas en busca de narcóticos.

Esos daños no los paga ni los reconoce nadie. Después vienen los problemas de reintegro de los dólares. Quien no haya recibido un pago del exterior no sabe lo complicado que puede ser. Un error en un formulario, puede representar una multa igual al valor del reintegro. Y los documentos; cambian los formatos, hay que llenar infinitos certificados de origen si el producto tiene componentes orgánicos, y pasar por visitas de la policía a los lugares de producción. Finalmente, el pequeño exportador está sometido a la sospecha de ser un correo de mafias o lavador de divisas.

Ante esas circunstancias resulta asombroso que haya exportaciones diferentes de las mineras y café. Y más asombroso aún, que los funcionarios desconozcan la realidad de un país enfermo de tramites. Claro que cuando el gerente de la sociedad de activos especiales dice en una entrevista que un proceso de extinción de dominio dura entre siete y treinta años, todo es posible.