La nueva Inglaterra separada de la unión económica europea

Alvaro Ramírez González

Columnista

Me quedó muy fácil entender las razones de la integración de la gran Comunidad Económica Europea que lleva vigente 47 años y a mi juicio ha trasformado a Europa para bien.

Es hoy un territorio más ordenado, más próspero, más fuerte en su competitividad frente a los grandes colosos económicos como Estados Unidos y China.

La riqueza de los más poderosos ha ayudado sin la menor duda al desarrollo de los más pequeños y atrasados y ha ido mejorando el estándar de vida de todos los ciudadanos de la comunidad.

No he podido entender aún las razones que motivaron la desvinculación de la gran Inglaterra de la Unión Europea, movimiento conocido como Brexit.

Boris Johnson no solo fue el líder y promotor de la votación que generó el Brexit, sino que después se convirtió en Primer Ministro y le tocó estar al frente del proceso y asumir y negociar las consecuencias económicas y políticas.

Pero es solo la mitad de Inglaterra la que está celebrando el Brexit; la otra mitad está apesadumbrada temiendo las consecuencias de separarse de un club tan poderoso.

Sunderland, ciudad que apoyó muy fuerte el Brexit, está sufriendo el más alto desempleo por el cierre de varias empresas automovilísticas como consecuencia de esa decisión separatista.

Las razones económicas de una decisión de esta envergadura han debido ser muy poderosas. Y los economistas ingreses deben haber previsto lo que le va a pasar a la gran Isla Inglesa, separada de la poderosa comunidad económica europea.

En el corto plazo habrá un retiro masivo de empresas, bancos y compañías de servicios comunitarios que tenían sus sedes en Londres. Ese será un golpe muy fuerte para la economía Inglesa.  En el mediano y largo plazo parece ser que le irá mejor a los ingleses bajo esta nueva posición.

Inglaterra debía aportar a la Unión Europea más de € $ 20.000 millones anuales que servían para apoyar a países comunitarios más pobres y menos desarrollados.

Ya libres, Inglaterra invertirá esa suma anual en el bienestar de los suyos y no de los otros como en estos 47 años que permaneció unida a la comunidad.

La mitad de los ingleses celebraron y cantaron al lado de Johnson sus cantos de libertad. La otra mitad permaneció con velas encendidas y en silencio lamentando el Brexit.

El tiempo y los desarrollos posteriores mostrarán si fue acertada o equivocada esa trascendental decisión.

La vida de los ingleses será toda distinta a partir de hoy.

¡Son libres!

alragonz@yahoo.es