La magia de la siembra

Lisandro René López Martínez
Columnista

La siembra de árboles es una forma de oración amplificada, por algo que se desea para la vida. Plantar una “semilla” es querer una cantidad de gracias que cada ser humano determina para su vida, a la fuente de sus enseñanzas espirituales.

La siembra es para algo en el futuro y se hace desde antes. Trabaja de la misma manera como cuando se reza antes de comer y se dice, “Gracias, Señor, por lo que voy a recibir.” Con la siembra, se afirma, “Antes de recibir esto, reconozco la presencia de ello.”

El sembrar es la idea de ir a un campo con trigo en la mano y echarlo en la tierra como se hacía en los tiempos bíblicos. La implicación es que hay una actitud de gratitud por tener la oportunidad de poseer la tierra, sembrar, y cosechar. En los tiempos modernos, cuando se siembra para algo en el futuro, no está muy claramente definido como ese evento futuro se te regresará.

El sembrar viene bajo la gracia como una existencia futura, y es uno de los secretos más profundos, y mejor guardados. Se le ha llamado siembra de fe, y también se podría llamar prediezmar, excepto que no está basado en el 10 por ciento de lo que se recibe; está basado en la cantidad que se quiere recibir, y no hay límite en cómo puede llegar.

La idea de proyectarlo hacia adelante por medio de la siembra debe incluir un acto que se comprometa con ello como un enfoque mental. Es necesario tener una visión clara, una idea clara de cómo se quiere que sea, y sembrar para eso. Luego se espera la cosecha — no en términos de sentarse a esperar sino en términos de regar y fertilizar la tierra para que haya algo que crezca de ella. Asegurar que sea regada y fertilizada manteniendo la mente en lo que se quiere; se riega y fertiliza con los deseos mentales. Es una actitud o visión.
Dicho de manera más simple, sembrar es plan.
Feliz año 2020.