La implacable naturaleza

Rodrigo Ocampo Ossa
Columnista

En el universo las cosas ocurren conforme a sus propias reglas sin que importe la opinion de los humanos, un pequeño accidente con unos dos millones de años de antigüedad frente a unos trece mil ochocientos millones de años desde la gran explosión donde se originó todo. Y una de las reglas más importantes es que no hay reglas definitivas. En 1961 el metereólogo Edward Lorenz descubrió por casualidad lo que hoy se llama la teoría del caos, según la cual el comportamiento de los sistemas naturales complejos es impredecible, pues un cambio insignificante en las condiciones iniciales produce resultados completamente disimiles, como lo describe la alegoría de una mariposa que aletea en la selva del Amazonas y produce un tornado en Texas.

, oh maravilla, los sistemas caoticos se corrigen a sí mismos por el efecto de los “atractores”evitando que la incertidubre se convierta en una fuerza infinitamente destructora. Por eso resulta curiosa la seguridad con la cual algunos científicos vendieron al mundo la idea del encierro como remedio contra el virus co-19, un asunto complejo que ciertamente no se resolverá con la prisión preventiva de la humanidad, puesto que su desarrollo es impredecible por definicion, no asi su final que es claro: los seres vivos se adaptarán, adquirirán resistencia y la vida continuará adelante con el precio de algunos individuos muertos.

Ya hay algunas voces que lo han dicho: el efecto del covid-19 se moderará solo, independientemente de lo que hagamos. A lo largo de la historia se registran miles de situaciones semejantes y todas han sido superadas por la especie humana como lo demuestra su abrumadora expansion sobre la tierra. Este diminuto virus no será el que la acabe. Vale la pena recordar que la madre naturaleza está empeñada en la supervivencia de las especies, no de los individuos.

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