La era de los “Perrhijos”

Fabián Henao Ocampo

Columnista

Para muchos la frase está cumplida “entre más conozco a los humanos, más amo a mi perro”  Muchas personas en la actualidad han adquirido la costumbre de adoptar perros y tratarlos como si fueran sus verdaderos hijos. El académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM  de México, Moisés Heiblum  asegura que este comportamiento puede ser perjudicial para el dueño y para la mascota. Lo cierto es que los casos en los que las mascotas que son tratadas como hijos dentro de las familias es cada vez más frecuente.

Existe la teoría que afirma que tenemos  un nuevo modelo de familia en la que un animal toma su lugar en el  núcleo familiar y se convierte en algo así como el sustituto de un hijo, de un hermano o del conyugue;  tanto es el agrado y la popularidad de este estilo de vida que hay colegios, cementerios, gimnasios, peluquerías y tiendas especializadas para perros aquí en Pereira.

De todos modos  no es malo tener una mascota, hay personas por ejemplo que viven solas y las mascotas le sirven de terapia para alegar, pasear, servirles la comida y estar ocupadas de alguna manera con el perro que por lo menos da muestras de afecto.

De todos modos el  Doctor Heiblum afirma que no es necesario involucrar los animales en rituales y costubres humanas  debido a que los perros no necesitan ni comprenden que el dueño les diga algunas cosas, ni que le tomen selfies para las redes sociales;  el perro no sabe ni entiende lo que es un cumpleaños, ni una fiesta, ni una boda.

Según el especialista, los animales solo necesitan no padecer hambre o sed, contar con un lugar para resguardarse del ambiente, recibir atención médica si la necesitan y tener libertad para expresar su comportamiento animal y no el comportamiento humano al que los obligan ciertos dueños.

Para algunos todo este bum de los animales se debe necesariamente a la transferencia  de los valores,  hoy las mascotas representan lo mejor de los sentimientos que  los  seres humanos hemos perdido; la empatía, la compasión, la lealtad, la solidaridad y el amor;  en muchos casos los animales son más agradecidos que los seres humanos (incluso con su silencio).

No sé si Lord Byron tuvo o no tuvo razón al amar más a su perro, que a los humanos porque tuvo la mala idea de enamorarse de su hermana media y esa relación le trajo toda suerte de desdichas en medio de una sociedad, que no fue tolerante con su comportamiento.