La economía del café

Jesús Saldarriaga G.
Columnista

Colombia es un país que ha acumulado su riqueza a partir de varias bonanzas, donde se encuentra una primera que fue la bonanza minera, luego una bonanza cafetera. Otras bonanzas “non sanctas”, como la marimbera y la cocalera, aunque pertenecen a la economía subterránea, han influido en la acumulación de capital del país.
Fue en el siglo XIX cuando Colombia experimentó la verdadera acumulación primaria de capital a partir de la economía cafetera. Producción ubicada geográficamente en la región antioqueña, la cual incluía al hoy Eje Cafetero, que, en el año 1905, dio vida al viejo Caldas, por la separación que se dio.

En el artículo “El Papel del Estado y las Políticas de Acumulación de Capital en Colombia”, se argumenta que, .….”el comienzo del siglo XX fue testigo de un serio experimento de industrialización fabril. No obstante, estos primeros pasos se caracterizaron por haberse originado casi enteramente en Antioquia donde a lo largo del siglo XIX se había ido formando una clase empresarial donde el café estaba generando recursos y un creciente mercado local para los productos industriales básicos. Estos mismos empresarios crearon las bases de un proletariado al tener que utilizar el trabajo femenino de las áreas rurales cercanas a Medellín, ya que la existencia de una economía cafetera de campesinos libres implicaba que una parte de la población masculina capacitada laboralmente no estaba disponible.” (Philip Wright 1980).

El café generó la acumulación primaria de capital y a su alrededor se construyó la infraestructura básica de vías, ferrocarriles, sistema bancario, y le permitió al Estado aumentar la inversión social en diferentes regiones del país. También se hicieron inversiones en empresas productivas en otros sectores. Recordemos que, hasta la segunda mitad del siglo XX, el Estado Colombiano y la Federación Nacional de Cafeteros eran dueños de empresas como bancos, flota mercante, industrias productivas (ejm. Ingenio Risaralda, entre otras).

La economía cafetera en Colombia ha sido muy importante, y aún sigue siéndolo, sin embargo, Colombia en épocas de bonanzas y de acuerdos en el marco de la Organización Internacional del Café (OIC), obnubilada por el ascenso relativamente rápido de una clase burguesa que encontró en la exportación de café verde, pagada en dólares por libra, se conformó y descuidó el desarrollo de los eslabones mas rentable de dicha economía.
Hoy los grandes jugadores de la economía cafetera son multinacionales que tienen marcas posicionadas para el consumo masivo de las tazas de café, y la comercialización de los derivados de dicho grano. Marcas de café reconocidas en los grandes centros económicos y financieros de la economía mundial, donde los consumidores tienen alto poder adquisitivo, y paladar sofisticado, mostrando alta disposición a pagar muy bien por una taza de café, y si es de origen colombiano, mucho más.

El conocimiento de todo el encadenamiento de la economía cafetera, lo dominan las universidades en Italia, Alemania, y Reino Unido. El desarrollo tecnológico de maquinaria, elementos y herramientas para la cadena del café está concentrado en Europa, Estados Unidos y Japón. Igual el talento humano.

Los insumos para las prácticas del agro cultivo del café, son la mayoría importados. Los recursos donde Colombia era competitiva como la mano de obra y la oferta ambiental del suelo se han venido perdiendo por empobrecimiento de las familias cultivadoras de café, pues las épocas de bajos precios internacionales de la libra de café, combinado con la baja tecnificación y escasa aplicación de modelos gerenciales eficientes de las fincas, han desmotivado a las nuevas generaciones de productores. Esto se ha reflejado en el escaso relevo generacional y en el cambio de cultivos de café hacia otros usos más rentables cerca a los centros urbanos, o menos riesgosos financieramente en municipios rurales.

Otro elemento que Colombia no desarrolló con la economía cafetera fue la sofisticación del consumidor interno. Hoy muchos de los que conocemos algo y valoramos la alta calidad de una taza de café, nos enfrentamos a nuestros familiares y amigos, quienes no están dispuestos a pagar bien por un buen café. Comparan de entrada lo que no tiene comparación, una libra de café de ocho mil pesos, preparada con las pasillas de las cosechas cafeteras, frente a una de 25 mil pesos, de un café de alta calidad, de origen, especial, que es la que en su mayoría si se toman los italianos, franceses y japoneses.