La desigualdad no es un argumento

Rodrigo Ocampo Ossa

Columnista

A falta de mejores razones los promotores de los paros están protestando contra la desigualdad. Lo cual carece de significado pues en el mundo todos somos diferentes, o desiguales. Un deportista, por ejemplo, Ronaldo, es diferente a Neymar, y una artista pop como Shakira es diferente a la soprano Ana Netrebko. Cada uno tiene su propio estilo, sus seguidores e ingresos: no son iguales, y nadie protesta por eso. Como no se puede protestar porque unos hayan nacido en Alemania y otros en Somalia, aun cuando es un hecho que marca una enorme diferencia frente a la vida.

Puede concluirse entonces que la protesta contra la desigualdad se refiere al hecho de que hay unas personas privilegiadas por tener mucho, frente a otras que carecen de lo básico. Pero esa queja debe ser explicada, pues no se trata de que todo el mundo tenga los mismos ingresos y los use en la misma forma, resultado imposible ante la diversidad de los intereses humanos, como lo demostró el premio nobel de economía Daniel Kahneman con su “teoría de las perspectivas” y lo han demostrado los fracasos del comunismo y el socialismo que buscan construir una sociedad plana, sin diferencias.

Partiendo de unas condiciones económicas iguales, en un corto plazo hay  diferencias entre las personas porque todas administran de manera diferente los bienes. Ahí llegamos al punto de que la lucha  contra la desigualdad debe centrarse en la oferta de iguales oportunidades, y en ese caso nos sumamos. Para que, entre otras cosas, el gasto enorme en educación pública produzca el mismo resultado que la educación privada y no tengamos que pagar la energía que se roban en algunas partes.