La cultura ciudadana se hace con el ciudadano

Ramiro Tabares Idárraga
Columnista

Con el inicio de las nuevas administraciones en la geografía nacional, numerosos alcaldes ven la oportunidad de impactar sus comunidades a través de programas de cultura ciudadana, en la perspectiva de generar sentido de pertenecia, bajar los índices de violencia, mitigar el vandalismo y mejorar la calidad de vida de sus gobernados.

La tarea no es fácil, pero tampoco es complicada. Basta la voluntad del mandatario, la conformación de equipos dinámicos de trabajo, asignación de presupuestos; y sobre todo el diseño de la red de apoyos y responsabilidades que hagan interacción con otros actores, entre ellos ciudadano del común. Son numerosos los ejemplos de ciudades como Bogotá, Medellín y Popayán, además de municipios pequeños han logrado avances significativos en materia de construcción y desarrollo de indicadores de cultura ciudadana.

El concepto tiene su origen en las sociedades clásicas de Atenas y Roma, donde se aplica como un concepto supremo de conciencia colectiva, de unidad, en contra vía de los intereses individuales. Para las sociedades modernas se mira y aplica como el conjunto de actividades, costumbres y reglas mínimas compartidas en sociedad y que garantizan la convivencia y desarrollan un fuerte sentido de pertenencia. Un acalde pilo debe enfocar la mira hacia este lado si quiere mitigar los indicadores de violencia, disminuir la violencia intrafamiliar, mejorar los entornos de la conciliación hacia la construcción de ciudades inteligentes que saben cómo resolver sus conflictos.

Los teóricos hoy presentan la cultura ciudadana como una co responsabilidad entre el Estado y sus ciudadanos, donde hay unos roles definidos que adquieren una gran dimensión bajo la lente de la cooperación, el sentido de pertenencia y el buen ejemplo. El estado debe jugar limpio, abandonar su posición dominante y saber mover el ajedrez de con transparencia y enviar mensajes claros a los ciudadanos en el sentido que sus tributos son bien invertidos y que esa administración visibiliza todas sus acciones.

También se conoce de experiencias fracasadas en materia de cultura ciudadana. Lo formulan asesores encopetados que no conocen mas allá de sus escritorios, expertos en fusilar estudios foráneos y que solo la idea de visitar zonas marginales los pone cardiacos y asumen posturas falaces que donde hay pobreza y marginalidad hay inseguridad. Hay que descentralizar, escuchar líderes, hablar con expertos y sobre todo tener vocación de servicio ya que ese es el fin último de la administración pública. Para el caso de Pereira, el camino es tortuoso y borrascoso, pero como dice la canción famosa, caminante no hay camino se hace camino al andar.